SEMANA: ¿Por qué los republicanos tuvieron esta derrota histórica?
K.W: Por varios factores. Primero que nada, es la economía. La verdad es que la economía no anda tan mal: hay crecimiento, el desempleo no es muy grande, pero sí los costos son altos en algunos aspectos, particularmente en la gasolina. Los estadounidenses son muy sensibles a las alzas en la gasolina, que ha tenido un alza después de la guerra en Irán. Entonces, ese es un factor muy grande, hay una decepción. Principalmente, porque esa era parte de la oferta política de Trump. Él siempre dice: “Yo lo puedo arreglar eso, soy hombre de negocios, yo sé de todo eso”, y no.
SEMANA: La guerra en irán es, según Trump, la gran razón detrás de esas cuentas.
K.W: Si, ese es un segundo factor. La verdad es que, aunque son temas que están relacionados, no se siente mucho la guerra acá en Estados Unidos. Aparte del aspecto económico, hay muy pocos estadounidenses que forman parte de las Fuerzas Armadas y no se han aumentado los impuestos para lidiar con los costos, aunque es una posibilidad. Pero, de nuevo, es completamente lo contrario de lo que prometió. Él dijo que nunca íbamos a entrar en guerras estúpidas en el Medio Oriente, ¿y dónde estamos? En una guerra estúpida en el Medio Oriente.
Entonces, esos dos son factores decisivos que motivaron a los demócratas a votar en contra, pero que también disuadieron a los republicanos de votar. Su gente, la base de Donald Trump, se sintió decepcionada y muchos de ellos decidieron simplemente no salir. Pero hay otros factores que también pesaron.
SEMANA: ¿Cómo cuáles?
K.W: Otro factor que es importante —y todo suma— es la calidad de los candidatos. Algunos de los candidatos republicanos fueron pésimos. Vivek Ramaswamy en Ohio... hubo un spot famoso con la mamá de la candidata contrincante en la papeleta. Eso fue un gran error, pero Vivek no tiene lo necesario, no tiene habilidades políticas y el efecto de eso fue un candidato que realmente no tuvo el por qué ni el cómo tener éxito.
Igual en Texas. Allí nominó a Ken Paxton, una persona sumamente cuestionada. Hubo un juicio político en su contra por la Cámara de Texas, y aunque el Senado no lo condenó, es un muy polémico y con señalamientos de corrupción también. Tiene como 17 casas en el mundo entero y viaja usando fondos del estado. De nuevo, un candidato pésimo. En Carolina del Sur hay otros ejemplos de eso, y ese fue un factor importante también. Pero todo eso hay que verlo en el contexto.
SEMANA: ¿Por qué?
K.W: Porque siempre en los midterms, las elecciones intermedias, el partido en el poder pierde escaños. Y no fue distinto en este caso, pero fue histórico por las razones anteriores. Y todo está relacionado con Trump como persona.
Él dijo textualmente: “Yo no estaba en la papeleta y, si lo hubiera estado, ¡habríamos ganado POR UNA VICTORIA APLASTANTE!”. Y es verdad que si él no está en la papeleta, su gente está mucho menos motivada. Esa es una combinación de factores que se puede notar.
SEMANA: ¿Y a los democrátas por qué les fue tan bien?
K.W: Por otro lado, los demócratas tenían candidatos excelentes con otra visión de cómo motivar a su gente. Utilizaron un mensaje que, aunque parezca un poco ingenuo —no quiero ser cínico—, era un mensaje de amor, de cómo vamos a unirnos después de una década de división y cómo vamos a salir adelante. Eso atrajo a muchos.
El tema de la migración es importante también, porque desmotivó y generó mucha ira en la comunidad hispana. Las acciones de ICE y de la policía de inmigración, y en cierto modo su crueldad, provocó ese sentimiento. La verdad es que de lado y lado, demócratas y republicanos, hispanos y no hispanos, hay un deseo por tener más control en la frontera, en términos de forzar que se cumplan las leyes de migración. Pero esto fue mucho más allá y causó realmente temor en las comunidades hispanas en el país. Yo conozco personalmente a ciudadanos estadounidenses, nacidos acá, pero con apellidos y apariencia hispana, que andan con su pasaporte por si acaso viene un agente de ICE y les dice: “Bueno, vamos al calabozo porque tú pareces hispano”. Entonces, todo esto hizo que se consolidara esta jornada histórica, y lo que sigue ahora, para mí, es aún más interesante por los retos que enfrentan los demócratas.
SEMANA: Embajador Whitaker, antes de pasar a ese punto, cuenteme en cifras globales cómo quedó el Congreso.
K.W: Sí, en números amplios. En el momento en que hablamos está en una proporción de 54 a 44. Es decir, ya hay 54 escaños confirmados para los demócratas y restan dos estados por confirmar, que son Alaska y Nebraska. En ambos casos, la elección está muy apretada y probablemente tomará semanas, si no un mes, solucionarlo. Eso quiere decir que, como máximo, pueden llegar a 56 de los 100 escaños en el Senado.
En la Cámara, recuerde que son 435 curules en total, entonces la mayoría es de 218. Comprobado, los demócratas ahora tienen como 228. Entonces ya están en muy buenas condiciones y tienen la mayoría. Y la cifra puede subir. Hay unos estimados de que pueden llegar a 248. Entonces es masiva la ola azul. Eso implica un cambio, respecto al Congreso actual, de más de 40 escaños pasan de manos republicanas a demócratas.
SEMANA: ¿Por qué ese cambio es clave?
K.W: Lo importante de la Cámara es lo siguiente: gran parte de la razón por la cual los republicanos tuvieron tantos problemas en este Congreso fue porque tenían una mayoría muy escasa, sin mucha flexibilidad, y eso le dio espacio a los más radicales de su bancada para causar muchos problemas, chantajear y forzar votaciones que no le convenían al liderazgo. Obviamente, los demócratas van a tener a sus miembros más radicales ya elegidos —los demócratas socialistas, por ejemplo—, pero la mayoría es tan grande que esos grupos no van a poder chantajear al liderazgo del partido en el Congreso.
Y eso es importante, pero para mí la gran pregunta es: “¿Y ahora qué?”.
SEMANA: ¿Y cuál es la respuesta?
K.W: Hoy los democrátas tienen mayoría en la Cámara y en el Senado, pero Donald Trump es el presidente. Como mandatario, tiene poderes enormes en nuestro país y hay mucho que él puede hacer. Teóricamente, y siempre se habla de esto, la Cámara tiene el poder del bolsillo y ellos pueden decir sí o no a temas presupuestales. Pero eso es como dicen ustedes en Colombia: “Sí, pero no”.
SEMANA: ¿Cómo sería ese Sí, pero no?
K.W: Por ejemplo, si hay descontento con la guerra en Irán, que existe hoy, ¿se va a recortar por completo el presupuesto del Departamento de Defensa? Yo creo que no. Eso políticamente es imposible.
Una vez que llegan los fondos, lo importante es el presupuesto del 2027. El año fiscal actual ya está aprobado y firmado. Ese dinero ya se fue a los departamentos y pueden hacer lo que quieran con él. Ahora bien, ¿qué alternativa tiene el Congreso? El Congreso puede decir: “Bueno, estamos descontentos con esto, así que le quitamos la autoridad al Departamento de Defensa para hacer cualquier tipo de acción bélica o bombardeo en Irán”. Listo. ¿Y qué pasa si el Gobierno lo hace de todos modos? No pasa nada. Y eso obedece a la naturaleza de la administración Trump. Ninguna otra administración intentaría algo así jamás, pero estamos en otro mundo. Ellos ignoran la ley, ignoran las normas, y no se puede excluir cualquier escenario.
SEMANA: ¿Qué pueden lograr los demócratas?
K.W: Me parece a mí que hay por lo menos dos o tres grandes metas. La número uno es prepararse para el 2028. Lo verdaderamente importante es esa elección presidencial, y ya estamos en campaña. Dentro de cuatro a seis meses vamos a tener casi completo el listado de demócratas y republicanos que se estarán lanzando. El Congreso demócrata debe hacer y decir cosas, e implementar políticas que le ayuden a ganar la presidencia en el 28, donde radica la mayor parte del poder, igual que en Colombia. Pero vuelvo al problema: el Congreso no tiene la habilidad de maniobrar mucho porque no es el poder Ejecutivo.
Lo que sí puede hacer es intentar dar transparencia y exigir rendición de cuentas (accountability) sobre la corrupción en la administración. Todo ese dinero que se ha ganando la familia del presidente Trump y su entorno. Ese es un tema muy controvertido en Estados Unidos.
SEMANA: ¿Podría haber un impeachment?
K.W: De ese tema se ha hablado mucho. Se habla también de posibles impeachments (juicios políticos) en contra de miembros específicos del gabinete. Eso es controvertido. En nuestro sistema, la acción del impeachment nace en la Cámara como una imputación y luego pasa al Senado para la condena, donde se necesitan 67 votos. Los demócratas van a necesitar 10 o más votos republicanos para lograr una condena. Hablando con la mente clara y siendo realistas, es poco probable que los republicanos se junten con los demócratas para condenar a un miembro del gabinete. Los demócratas deben estar pensando es en cómo con esas mayorías se perfilan para el 2028.
SEMANA: Embajador, le quiero hacer una pregunta sobre un trino que puso el presidente Trump. Él publicó una foto con una gorra roja que decía “Veto”. ¿Eso qué significa?
K.W: Lo que está señalando es que los demócratas pueden hacer lo que quieran en el Congreso, pero él tiene la competencia para vetar cualquier ley que llegue a su escritorio. Con esa publicación, les recuerda que ellos no tienen los votos suficientes para revertir ese veto presidencial.
Pero, como es Donald Trump, no es una persona consistente, después de haber publicado eso, ya está diciendo que está hablando con los demócratas. Dice que hay unos demócratas que son sus amigos y que va a poder trabajar con ellos. Después de diez años, ustedes ya saben quién es Donald Trump. Lo que lo motiva son sus propios intereses, ni más ni menos.
SEMANA: ¿Y qué pueden hacer los republicanos?
K.W: Por más de diez años han jugado al MAGA con Donald Trump como su líder indiscutible. Y eso se acabó. Él ya no tiene relevancia futura en ese sentido. El Partido Republicano de 2015 no existe. El Partido Republicano del conservadurismo, de darle espacio al sector privado, el partido de Mitt Romney en 2012 se desvaneció.
Obviamente, hay una facción MAGA muy grande, pero hay muchísima gente más o menos “normal” que se incorporó al movimiento y que logró convivir con ellos con la idea de ganar el poder. JD Vance, Marco Rubio, la totalidad de la bancada en el Senado y todos los gobernadores. La mayoría son republicanos más o menos normales que, por temor o por sed de poder, decidieron simplemente mantenerse al lado del presidente Trump.
Finalmente, hay otro grupo, y creo que ese va a surgir con mucha energía: los que van a decir que MAGA y America First es la esencia. Dirán que Trump fue corrompido por la guerra en Irán, por la influencia de tecnócratas como Elon Musk, o por lo que sea. Dirán: “Nosotros somos los fieles, somos los paladines de esa idea”. Y esos son personajes como Marjorie Taylor Greene y Tucker Carlson. Supongo que ellos también van a formar su propia facción.
Desde un punto de vista puramente político, tener un partido tan golpeado por los resultados electorales y tan dividido por la existencia de todas esas facciones a solo 24 meses de la elección presidencial es muy complejo. Es muy difícil unirse para seleccionar un candidato de consenso y tener posibilidades de ganar en noviembre de 2028.
SEMANA: ¿Cuáles serían los impactos que tendría todo esto en Colombia? El presidente Trump y el presidente Abelardo De La Espriella son muy cercanos
K.W: Yo creo que lo más probable es que los presidentes de las comisiones que tratan los temas de Colombia y de relaciones exteriores se van a enfocar en los intereses tradicionales de Estados Unidos con Colombia. Eso es la lucha contra el crimen transnacional y las drogas, pero de una manera consistente con los derechos humanos, el respeto a los intereses de comunidades afro e indígenas, y consistente con el Acuerdo de Paz.
Yo sigo muy a menudo lo que está pasando políticamente en Colombia. Sé que lo del Acuerdo fue hace una década y que ya no tiene el impacto que tenía años atrás, pero para quienes tienen influencia sobre Colombia dentro del Congreso estadounidense, lo del Acuerdo sigue siendo importante y buscarán que se cumpla. Pero hay otros dos factores muy importantes.
SEMANA: ¿Cuáles?
K.W: Uno es la promesa de mil millones de dólares en ayudas para Colombia, que fue anunciada por Marco Rubio hace unos meses, aunque no ha habido acción pública al respecto. Habrá interés conjunto de demócratas y republicanos por ayudar, pero hay problemitas. Primero, es muy difícil conseguir dinero en el presupuesto actual, que ya está aprobado. Rubio tiene la posibilidad de mover distintos rubros y crear un paquete importante, pero sabiendo la influencia del Congreso demócrata, ellos van a insistir en condicionarlo al respeto por los derechos humanos y las comunidades.
Hay otro aspecto que tal vez voy a tocar. Tú recordarás la declaración durante la elección de María Elvira Salazar. Diplomáticamente, eso fue inusual y hubo una reacción bastante fuerte por parte de Gregory Meeks, quien será el presidente de la comisión. Pero se sabe que la congresista y el presidente son amigos y uno a veces dice cosas sobre los amigos que tal vez no diría en otras ocasiones. El presidente De la Espriella no dijo “Hay que votar por los republicanos”. Fue solo una declaración aislada.
SEMANA: ¿Y cuál es el segundo punto?
K.W: Otro factor que puede mitigar todo esto fue su declaración posterior a la elección en Brasil, que fue lapidaria y absolutamente ejemplar. Y no tardó en hacerla, fue casi inmediata. Eso subraya sus credenciales democráticas.
Puede ser una complicación, pero creo que es manejable. Además, la diplomacia colombiana está muy bien posicionada en Estados Unidos y tiene todos los contactos. La flamante embajadora Araújo es de mucha calidad. Obviamente es una tarea difícil, pero ella tiene a su favor el beneplácito histórico de los estadounidenses hacia Colombia, sus habilidades personales y la tradición de la diplomacia colombiana, que es muy respetada aquí en Washington.