En 1947 un grupo de expertos, entre los cuales se hallaban algunos exparticipantes en el proyecto Manhattan, que creó la bomba atómica, lanzaron el Boletín de Científicos Nucleares, órgano de la University of Chicago.

Acorde con el objetivo de la publicación de advertirle al mundo sobre los peligros de las armas nucleares, los estudiosos eligieron para su primera portada, diseñada por Martyl Langdorf, un reloj al borde de dar la medianoche, como símbolo de la humanidad a punto de la “destrucción total y catastrófica”.

La figura se convirtió en mucho más que el gancho de una carátula y 76 años después sigue en plena vigencia, ya que, como lo advierte el boletín en su página web, hoy más que nunca la especie humana vive la amenaza de su autoexterminio.

Los científicos promotores del Reloj del Apocalipsis durante una presentación en Washington en febrero pasado. | Foto: 2023 Getty Images

“Estamos peor que en la Guerra Fría”

“La humanidad continúa enfrentándose a dos peligros existenciales simultáneos (la guerra nuclear y el cambio climático) que se ven agravados por un multiplicador de amenazas, la guerra de información cibernética, que socava la capacidad de respuesta de la sociedad. La situación de seguridad internacional es terrible, no sólo por estas amenazas, sino porque los líderes mundiales han permitido que se erosione la infraestructura política internacional que podría gestionarlas”.

Así comienza la declaración que los científicos realizadores del boletín le dirigieron a los líderes mundiales y a la población en general en enero pasado, siguiendo una tradición ininterrumpida desde hace siete décadas.

Cada comienzo de año, los estudiosos ponen las manecillas del reloj en ceros, pero, de acuerdo con las condiciones de la geopolítica y otros factores, las ponen más o menos cerca de las 12 de la noche, para alertar al mundo sobre cómo su incapacidad por mantener la armonía puede hacer realidad las visiones narradas en el Apocalipsis, uno de los libros más misteriosos de la Biblia.

Como lo comentó la revista de la National Geographic, “ni siquiera en el momento álgido de la Guerra Fría, cuando los estadounidenses cavaban refugios antinucleares y se decía a los niños que se agacharan y se cubrieran bajo sus pupitres en caso de ataque atómico, las manecillas del reloj habían estado tan cerca de la cuenta atrás”, como hoy.

El mundo está más cerca que nunca del Apocalipsis porque ahora hay más factores de riesgo, como las secuelas de la era de la información. | Foto: 2023 Getty Images

Armamentismo sin control

En efecto, en el diseño original de 1947, las manecillas indicaban que el mundo estaba a 7 minutos del fin, en tanto que hoy se encuentra a 90 segundos, es decir, a minuto y medio.

Ello, reiteran los científicos del boletín, porque los factores de riesgo para la vida humana se han multiplicado.

“El mundo camina sonámbulo en medio de un nuevo panorama nuclear inestable. Los límites del control de armas que ayudaron a prevenir una catástrofe nuclear durante el último medio siglo se están desmantelando”, expusieron en su manifiesto de enero pasado.

Consideran además que la respuesta al cambio climático sigue siendo insuficiente, como ya lo habían mencionado en años anteriores.

Se trata de dos factores que el Reloj del Apocalipsis venía denunciando de tiempo atrás, a los que ahora les agrega los efectos de la era de la información surgida de la revolución tecnológica.

“La guerra nuclear y el cambio climático son amenazas importantes para el mundo físico. Pero la información es un aspecto esencial de la interacción humana, y las amenazas a la ecosfera de la información (especialmente cuando se combinan con el surgimiento de nuevas tecnologías desestabilizadoras, como la inteligencia artificial (...) presagian una inestabilidad global peligrosa y multifacética”.

Tras muchas deliberaciones, afirmaron los científicos, decidieron poner el también llamado Reloj del Juicio Final, más al filo de las 12 que nunca, pues consideran que las condiciones actuales se asemejan a las de 1953 (dos minutos de la medianoche) cuando Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, probaron sus primeras letales armas termonucleares.

Pero esta herramienta no siempre ha sido usada para llenar al mundo de pesimismo, sino que también ha reconocido los esfuerzos de paz.

En 1991, estuvo a 17 minutos de las 12, gracias a la firma de los acuerdos antinucleares entre Estados Unidos y la Unión Soviética, poco antes del colapso de esta última.