Aquel martes tenía una reunión, un memorando pendiente y una jornada aparentemente normal en Wall Street. Pero un pequeño cambio en su rutina terminó separando al hoy alcalde de Cali de una de las mayores tragedias de la historia.

Veinticinco años del 11-S: el atentado que marcó el comienzo del siglo XXI

El 11 de septiembre de 2001, Alejandro Eder tenía 25 años y trabajaba para Deutsche Bank en Nueva York. Su oficina estaba en el 130 de Liberty Street, en el sur de Manhattan, prácticamente frente a las Torres Gemelas. Esa mañana debía presentar un memorando para un cliente español.

Su recorrido habitual era llegar en metro hasta la estación del World Trade Center. Sin embargo, ese día el tren se detuvo repentinamente en la calle 14, antes de llegar al sur de Manhattan. Los pasajeros oyeron el anuncio de que, de ahí en adelante, el tren no se detendría hasta llegar a la última estación.

Eran aproximadamente las 8:45 de la mañana, minutos antes de que el primer avión impactara la Torre Norte.

Eder decidió continuar por otro medio. Intentó tomar un taxi y, cuando le dijo al conductor que se dirigía hacia las Torres Gemelas, la reacción fue desconcertante: el hombre, muy alterado y sin dar mayor explicación, le pidió que se bajara.

Sin entender todavía la dimensión de lo que estaba ocurriendo, Eder continuó caminando. En el camino comenzó a encontrarse con patrullas, bomberos y personas que hablaban de ataques en Nueva York y Washington.

Fue entonces cuando entendió que algo mucho más grave estaba pasando.

Los peatones del Bajo Manhattan observan el humo desde el World Trade Center de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. Foto: AP Photo/Amy Sancetta

Al ver las torres en llamas, incluso entró a una farmacia para comprar una cámara desechable. Poco después intentó comunicarse con su madre, que vivía en Washington, pero las líneas estaban colapsadas.

Finalmente logró comunicarse con ella cuando ya se encontraba lejos de su destino.

“¿Mijito, cómo está? ¿Está vivo?”, recordó que le preguntó su madre.

Eder alcanzó a responder que estaba bien. En ese instante, frente a sus ojos, comenzó a caer la Torre Sur, precisamente la que estaba frente al edificio donde tenía su oficina.

El derrumbe ocurrió en cuestión de segundos. Eder escuchó el estruendo y vio cómo el lugar al que debía haber llegado esa mañana quedaba cubierto por humo y escombros.

Después corrió hacia el apartamento de un primo y consiguió volver a comunicarse con su madre. Pero la jornada todavía no había terminado: más tarde regresó a las calles y presenció también el colapso de la Torre Norte.

Los bomberos trabajan bajo los puntales verticales que una vez se enfrentaron a las elevadas paredes exteriores de las torres del World Trade Center. 11 de septiembre de 2001, en Nueva York. Foto: AP Photo/Mark Lennihan

Dos días después tomó una decisión

Lo ocurrido no terminó cuando cayó la última torre. Para Eder, el ataque también cambió la manera en que veía su propia vida.

Dos días después, el 13 de septiembre, decidió renunciar a su trabajo en Deutsche Bank. Según relató posteriormente, una llamada con el director de su área terminó de convencerlo de que ese no era el camino que quería seguir.

La empresa hablaba de negocios y clientes mientras Nueva York apenas intentaba procesar la tragedia. Eder, que acababa de ver caer el edificio que estaba frente a su oficina, sintió que algo tenía que cambiar.

Después de 18 años de estar lejos del país, decidió regresar a Colombia.

Su experiencia en Nueva York terminó convirtiéndose, según su propio relato, en un punto de quiebre que lo llevó a involucrarse en la búsqueda de la paz y, posteriormente, en la vida pública.

Años después, aquella mañana sigue teniendo un detalle difícil de ignorar: un cambio inesperado en su recorrido hizo que Eder no estuviera en el lugar donde debía estar cuando las Torres Gemelas comenzaron a caer.

Lo que para cualquier trabajador habría sido simplemente llegar tarde, terminó convirtiéndose en el giro que cambió el resto de su vida.