Más de dos décadas después de la masacre de Bojayá, uno de los episodios más dolorosos del conflicto armado colombiano, dos de los símbolos que sobrevivieron a esa tragedia están cerca de recibir uno de los mayores reconocimientos patrimoniales del país. Se trata del Cristo Mutilado y la imagen del Inmaculado Corazón de María, piezas religiosas que permanecían en la iglesia de Bellavista el día del ataque y que, desde entonces, se han convertido en referentes de la historia reciente del país.

ELN se ensaña con el Chocó: bloqueo en vías principales, ataques con drones y toques de queda; gobernación pide ayuda a minDefensa

El proceso hace parte de una iniciativa orientada a preservar no solo el valor material de las imágenes, sino también el significado histórico, cultural y simbólico que adquirieron para los habitantes de Bojayá y para las víctimas del conflicto armado en Colombia. Durante los últimos años, especialistas en conservación, restauración y patrimonio adelantaron estudios técnicos y comunitarios para sustentar su protección oficial.

El Consejo Nacional de Patrimonio Cultural emitió concepto favorable para que el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes declare al Cristo Mutilado y al Inmaculado Corazón de María de Bellavista como Bienes de Interés Cultural del ámbito nacional. La decisión reconoce el valor histórico, estético, religioso y simbólico de ambas imágenes, consideradas hoy objetos fundamentales de memoria sobre la masacre ocurrida el 2 de mayo de 2002 en Bojayá, Chocó.

El Papa Francisco celebró homilía de beatificación del sacerdote Pedro María Ramírez frente al altar del Cristo mutilado, un símbolo de la masacre de Bojayá, pero también del perdón. Foto: Presidencia

Las dos esculturas se encontraban en la iglesia de San Pablo Apóstol de Bellavista cuando un cilindro bomba lanzado por las entonces FARC, en medio de enfrentamientos con grupos paramilitares, impactó el templo donde cientos de habitantes buscaban refugio. El ataque dejó 102 personas muertas y destruyó gran parte de la edificación. Aunque resultaron gravemente afectadas, las imágenes sobrevivieron y fueron rescatadas por la comunidad, que decidió conservar las huellas de la explosión como parte de su historia.

Como parte del proceso, el Laboratorio de Estudios de Artes y Patrimonio (LEAP) de la Universidad de los Andes realizó análisis científicos sobre los materiales y el estado de conservación de las imágenes. Los investigadores emplearon microscopía, radiografías, estudios estratigráficos y análisis químicos para identificar la composición de las esculturas y establecer las mejores estrategias para su preservación, procurando mantener intactas las huellas que adquirieron durante la masacre.

Mario Omar Fernández, investigador del LEAP, explicó que los estudios permitieron conocer con mayor precisión la estructura y los materiales del Cristo Mutilado. Entre los hallazgos se identificaron restos de las capas originales de pintura encapsulados en resina durante una intervención previa, un elemento que, según el especialista, constituye un importante registro de la historia material de la escultura. El objetivo de estos análisis fue orientar futuras acciones de conservación sin alterar el valor testimonial de la obra.

Como símbolo de aquel doloroso día y como respaldo al padre Antún, el cristo de la iglesia sigue ahí en la nueva iglesia, con las huellas de una guerra que solo a traído muerte y desolación en río Atrato Foto: Natalia Botero

Por su parte, Rosa Mosquera, integrante del Grupo de Mujeres Artesanas Guayacán y sobreviviente de la masacre, destacó el significado que tiene este reconocimiento para la comunidad. “El Cristo Mutilado es un símbolo de paz y de reconstrucción. Es la muestra de la barbarie que vivimos como comunidad, pero también de esa luz que se revierte”, afirmó. En otro momento señaló que la imagen “ha estado con nosotros y nos acompaña en todo momento”, razón por la que considera la futura declaratoria como “un gran logro” para Bojayá.