“[…] Al sur, al sur, al sur, del Cerro de Pacandé, está la tierra bonita, la tierra del Huila que me vio nacer […]”Jorge Villamil Cordovez.
Alberto Yepes Barreiro, hijo de una familia de origen huilense, de Alberto Yepes Trujillo y Ruth Barreiro Quintero de Yepes, abogados de las universidades Libre de Colombia y del Colegio Mayor del Rosario, conoció un mundo lleno de espejos y recorrió una serie de caminos que lo enriquecieron en el devenir de su vida, definiendo su carácter en lo personal, familiar, profesional, académico y judicial.
Alberto fue un destacado discípulo de la tradicional escuela peripatética del Claustro del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, nombrado como Colegial de Número, la más alta distinción conferida a los estudiantes por sus calidades personales y capacidades académicas. Después de haber oído con laudable puntualidad las lecciones de los maestros de la Facultad de Jurisprudencia y optado por la presentación de exámenes preparatorios y de la tesis intitulada “Evolución del concepto de Contrato Administrativo”, de la cual fue directora Consuelo Sarria Olcos y calificadores Nemesio Camacho Rodríguez y Gustavo Combatt Lacharme, obtuvo su título de Abogado, con honores.
Desde temprana edad, Alberto se distinguió por su disciplina, rigurosidad académica, profundidad en el análisis y la solidez en el estudio del derecho con una perspectiva filosófica, ontológica, crítica y novedosa, compartiendo sus reflexiones jurídicas con sus maestros Álvaro Tafur Galvis y Consuelo Sarria Olcos y sus compañeros Cristina Pardo Schlesinger, Juan Pablo Cárdenas Mejía, Camilo Gutiérrez Jaramillo, entre otros. Complementó su formación académica, cursando estudios de especialización y maestría en derecho Procesal, Constitucional y Público en las universidades del Rosario y el Externado de Colombia.
Alberto fue un hombre con una gran vocación de servicio, en los sectores público y privado, en especial, en la formación de las nuevas generaciones de abogados, desempeñándose como Secretario Académico de la Facultad de la cual egresó, promotor para la creación de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Surcolombiana y del Convenio de Cooperación Académica con la Universidad Nacional de Colombia para el desarrollo de programas en diferentes áreas del derecho, Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Antonio Nariño en la ciudad de Neiva y profesor de Derecho Administrativo y Electoral, en pregrado y posgrado, durante varias décadas, en su alma mater, en la Universidad Nacional de Colombia y en varias instituciones de educación superior del país.
Esta labor la acompañó, como miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, del Colegio Colombiano de Abogados Administrativistas y del Colegio de Abogados Rosaristas y, como doctrinante, con la publicación de un número importante de artículos y libros sobre diversos temas objetos de estudio en sus cátedras, la responsabilidad del Estado Colombiano por error judicial de las altas cortes, la jurisdicción contenciosa electoral y la acción de cumplimiento, sus orígenes, concepto y desarrollo.
Asimismo, su ejercicio profesional lo condujo a construir una Oficina de Abogados, con proyección nacional en las diferentes áreas del derecho, en especial, en las del administrativo y electoral, desde donde, como litigante y asesor jurídico, lo hizo con pasión y un gran reconocimiento; además desde esa oficina, en sus inicios, situada en la Avenida de la Toma en la ciudad de Neiva, llena de libros con sus últimas ediciones, le brindó a la comunidad de abogados rosaristas bogotanos un espacio de acogida para que desde allí atendieran sus asuntos en la región.
Su vocación de servicio siempre estuvo motivada por la judicatura: mis recuerdos se trasladan a la sala de mi casa en Neiva, cuando acompañado de su padre, le manifestaba al mío, en ese momento Magistrado del Tribunal Superior de Neiva, que quería iniciar su vida profesional como Juez Municipal, aspiración que se vio frustrada debido a que, dentro los requisitos para su aceptación y posesión, era necesario declarar la afiliación política a la que pertenecía, lo cual consideró inaceptable.
Muchos años después fue designado conjuez de la Sección Tercera del Tribunal Administrativo de Cundinamarca y fue elegido posteriormente Magistrado de la Sección Quinta del Consejo de Estado, donde tuvimos la oportunidad de conformar y compartir en las diferentes salas del Consejo de Estado.
Entre sus principales aportaciones jurisprudenciales se pueden mencionar la del acto electoral, como parte de un derecho autónomo, de origen constitucional, expresión de la voluntad de un electorado, diferente al acto administrativo expedido en ejercicio de la función administrativa. Los criterios jurídicos expuestos en la aclaración de voto a la sentencia proferida por la Sala Plena de lo Contencioso Administrativo que declaró la nulidad del acto de elección del Procurador General de la Nación, por la violación del artículo 126 de la Constitución Política porque “[…] Los servidores públicos […] tampoco podrán designar a personas vinculadas por los mismos lazos con servidores públicos competentes para intervenir en su designación […] y del principio de moralidad previsto en el artículo 209. Asimismo, los criterios adoptados en providencias proferidas por la Sección Quinta sobre la interpretación del factor temporal de la inhabilidad prevista en el numeral 5 del articulo 179 de la Constitución Política, por vínculo o parentesco con funcionarios que ejerzan autoridad civil y política (desde el día de la inscripción y hasta la fecha en la que se realice la elección) y sobre los efectos jurídicos (hacia el futuro - ex nunc) de la declaratoria de nulidad de los actos electorales respecto de las causales subjetivas.
Como Consejero de Estado contribuyó con sus iniciativas en la redacción de la Ley 1881, sobre el proceso para la pérdida de investidura de los congresistas, en la cual se consideró que es un juicio de responsabilidad subjetiva, se instituyó la doble instancia, la garantía del principio del non bis in idem y el término de caducidad de la acción de 5 años, entre otras disposiciones.
Finalmente, fue integrante de la Misión Especial Electoral que propuso la creación de una Jurisdicción Electoral, con la cual estaba completamente de acuerdo, considerando que con la creación de una Corte de este tipo se corregirían algunas situaciones que afectaban el sistema electoral colombiano.
Mi querido Alberto, le reitero mis palabras expresadas en el momento de su despedida como Consejero, mi profundo agradecimiento por el importante legado jurisprudencial en el ejercicio de la magistratura en el Consejo de Estado, sus intervenciones, consideraciones y enseñanzas en el ejercicio de nuestra labor como jueces.
Alberto, como buen huilense, fue también un gran catador de bizcochos y quesillos “para definir cuáles eran los mejores”, como dirían nuestras madres: los de achira, los más arenosos, coloridos, mejor horneados: entre, los de Fortalecillas, sus preferidos; los de doña Saturia en Riverita, mis preferidos; los de Altamira o los de la Avenida Tenerife; y de los quesillos, entre los de Yaguará, sus preferidos, o los de El Hobo, los míos, pero al unísono, los mejores, los de Misis, en Neiva, donde fuimos a degustarlos por última vez con nuestras familias y varios amigos antes de emprender una travesía por el desierto de la Tatacoa.
Junto con Sonia, siempre fue un gran anfitrión, en San Mateo, tierra natal de José Eustasio Rivera o, en su sede alterna de Bogotá, donde nos abrió las puertas de su hogar con generosidad, alegría y sencillez para trasladarnos, en familia y con amigos, a nuestra “tierra de promisión”, al son de bambucos y sanjuaneros, acompañados de un delicioso plato de asado huilense con insulsos y alfandoques, para terminar en un brindis con un trago de Doble Anís.
Mi querido Albertico, paisano, colega, amigo y hermano, nos va a hacer mucha falta en el foro jurídico colombiano con sus reflexiones que tanto lo enriquecían.
En lo personal, mis fraternos agradecimientos por su amistad y todos los momentos compartidos, convencido que, desde el oriente eterno, nos seguirá acompañando en “[…] llano grande, la tierra del Igua, llano bonito donde todo es libertad […]” y vamos a seguir cantando los bambucos de Jorge Villamil, Garzón y Collazos y Silva y Villalva.
Conociendo de su infinito amor por Sonia, sus dos hijos, su señora Madre, su hermana y toda la querida familia Yepes Barreiro, los acompañará y guardará por siempre.
Gran y fuerte abrazo fraterno!!! Requiescat in pace.