Una grave emergencia se registró en el municipio de Ocaña, Norte de Santander, este jueves 30 de abril, luego de la creciente súbita del río Tejo, que provocó inundaciones y afectaciones en varios sectores de la población.
La situación, originada por intensas lluvias en la región, obligó a las autoridades a activar protocolos de atención y declarar la calamidad pública para atender a los damnificados.
De acuerdo con los reportes preliminares de organismos de socorro, más de 250 viviendas resultaron afectadas por la fuerza del agua, que arrastró lodo, escombros y enseres a su paso.
La emergencia se registró en cuestión de minutos, sorprendiendo a los habitantes, muchos de los cuales no alcanzaron a reaccionar.
“Se quedaron con lo que tenían puesto”, señalaron desde la Oficina de Gestión del Riesgo, al describir la magnitud de las pérdidas.
Las inundaciones impactaron varios barrios del municipio, entre ellos sectores como Las Delicias, donde se reportaron daños estructurales, calles cubiertas de barro y acumulación de residuos que dificultan las labores de limpieza.
Videos difundidos en redes sociales evidencian la gravedad de la situación: viviendas anegadas, muebles destruidos y familias intentando rescatar lo poco que quedó entre el agua.
Tras la emergencia, organismos de socorro, junto con la Policía y el Ejército, desplegaron operativos para atender a la comunidad. Desde la Segunda División del Ejército informaron que tropas del Batallón Santander de la Brigada 30 brindaron apoyo inmediato a las familias afectadas, adelantando labores de remoción de escombros, limpieza de vías y asistencia humanitaria en las zonas más golpeadas.
“En articulación con los organismos de socorro y las autoridades locales, nuestras tropas unieron esfuerzos para asistir a la comunidad, adelantar la remoción de escombros y contribuir a la recuperación de las zonas afectadas”, indicó la institución militar en un comunicado.
Las autoridades locales avanzan en el censo de damnificados y en la entrega de ayudas humanitarias, mientras se mantiene el monitoreo ante el riesgo de nuevas lluvias que puedan agravar la situación. Aunque no se reportan víctimas fatales, la emergencia dejó pérdidas millonarias y decenas de familias sin hogar, lo que ha encendido las alertas sobre la vulnerabilidad de esta zona frente a fenómenos climáticos extremos.