En la Amazonía, entre Colombia, Venezuela y Brasil, una economía silenciosa pero altamente rentable está reconfigurando el conflicto armado. El estaño, un mineral estratégico de las llamadas “tierras negras”, se ha convertido en una fuente clave de financiación para grupos ilegales que ahora apuestan por el uso de drones cargados con explosivos.

Ejército frustra ataque terrorista de las disidencias de Mordisco en El Tambo, Cauca

SEMANA revela que el ELN, la Segunda Marquetalia y las disidencias de alias Mordisco y Calarcá están detrás de este negocio ilícito que ya no depende exclusivamente del narcotráfico, sino que diversifica sus ingresos hacia mercados internacionales menos vigilados.

“Esto es un fenómeno que alcanza mayor escala, volumen y organización, y desde allí es que se proyecta hacia territorio colombiano”, advirtió un integrante del Ejército que sigue el rastro de estas estructuras.

Iván Mordisco de las disidencias de las Farc. Foto: SEBASTIAN MARMOLEJO

El recorrido del mineral comienza en el Arco Minero de Venezuela, donde operan grupos armados. Desde allí, atraviesa selvas, ríos y trochas hasta ingresar a departamentos como Vichada y Guainía, aprovechando la escasa presencia del Estado.

“El paso de estos minerales se da por tierra y por afluentes hídricos, por diferentes pasos donde visiblemente no hay presencia de autoridades. Por lo extenso del territorio, es difícil controlar cada uno de esos puntos”, explicó la fuente.

Una vez en Colombia, inicia un proceso conocido como “Operación Legalización”, que se desarrolla principalmente en centros urbanos como Bogotá. A diferencia de la cocaína, el estaño puede ser incorporado a circuitos legales con mayor facilidad, lo que lo convierte en un activo atractivo para las redes criminales.

“Lo que pasa con el estaño es impresionante porque tienen dos fuentes de financiación: el mercado internacional y la comercialización interna en regiones como el Cauca, el Catatumbo, Arauca y el suroccidente del país”, detallaron.

Estaño decomisado por el Ejército Nacional de Colombia. Foto: Suministrado a SEMANA.

Millones para la guerra y un negocio global en expansión

El impacto de esta economía es directo en la capacidad bélica de los grupos armados. Los recursos obtenidos permiten la compra de armas, explosivos y tecnología para ataques.

“Son prácticas que les dejan millones de pesos con los que pueden realizar la consecución de armamento, explosivos e incluso la compra de drones para llevar a cabo acciones terroristas”, alertaron fuentes militares.

Guerrilleros del ELN. Foto: AFP

Expertos consultados señalaron que, aunque el estaño no es explosivo, sí cumple un papel clave en los procesos de modificación de drones utilizados en operaciones ofensivas.

El negocio se vuelve aún más lucrativo en el mercado internacional. En Colombia, el kilo puede costar entre 50 y 70 dólares, pero en países asiáticos su valor puede triplicarse.

“Los mercados asiáticos son los que ven con mejores ojos la comercialización de este mineral. Un kilo puede pasar de 50 dólares a cerca de 200 dólares. Es una economía redonda”, indicaron.

Minería submarina, arriesgando la vida por el estaño.

El coronel Roberto Contreras Félix, comandante del Ejército, confirmó que esta actividad hace parte de una transformación del crimen organizado:

“Se ha evidenciado la consolidación de una economía ilícita asociada a minerales estratégicos. Este fenómeno responde a la reconfiguración de estructuras criminales que han migrado hacia actividades menos visibles que el narcotráfico, pero altamente rentables”.

Según inteligencia militar, incluso las rutas del narcotráfico están siendo reutilizadas para transportar el estaño sin mayores obstáculos.

“Es un modelo similar al del narcotráfico, donde imponen ‘impuestos’. Estos recursos financian otras estructuras y se destinan a tecnología, incluso drones modificados”, explicó el oficial.

Estaño en poder de las autoridades. Foto: Suministrado a SEMANA.

Las incautaciones evidencian la magnitud del fenómeno. En una operación reciente, fueron detectados 413 lingotes de estaño, además de cargamentos transportados en equipaje en el aeropuerto El Dorado.

“Antes se movilizaba en tractomulas; ahora han diversificado las modalidades”, señaló el coronel.

En los últimos dos años, en la Orinoquía colombiana, se han decomisado más de 77 toneladas de minerales, lo que representa pérdidas superiores a los 10,5 millones de dólares para estas organizaciones.

“Aquí se ha convertido en un corredor estratégico para el tránsito de estos recursos. Esto genera disputa por el control territorial”, advirtió Contreras.

Uno de los principales retos para las autoridades es la judicialización. A diferencia de la droga, estos casos requieren análisis técnicos especializados para identificar el mineral.

“Para determinar si se trata de tierras negras, se requieren equipos que no están en la zona. Eso dificulta los procesos judiciales”, explicó el comandante.

Además, las investigaciones han revelado un modelo criminal menos visible: redes de apoyo logístico que permiten mover el mineral sin necesidad de estructuras armadas permanentes.

“Ellos no mantienen estructuras armadas visibles, sino redes de apoyo que garantizan el tránsito del material hasta que entra en una fase de aparente legalidad”, reveló.

Las autoridades, en coordinación con la Policía y la Fiscalía, preparan nuevos golpes contra estas redes. Sin embargo, el estaño ya se consolida como uno de los negocios ilícitos más rentables y discretos del conflicto armado, una economía que, lejos de desaparecer, sigue creciendo bajo la sombra de la legalidad.