SEMANA: Se despide del Ministerio de Educación. Fue ministra durante un mes. Oficialmente, ¿por qué renunció?
VIVIANE MORALES: Justamente cuando comenzamos el Gobierno, cuando llegué al ministerio, se presentó el terremoto, al que tenemos que dedicarle todas las energías. Ha implicado jornadas largas y fines de semana. A la semana siguiente de la posesión estaba en mi oficina, cuando recibí un mensaje de mi hija en el que me informó que estaba en la clínica, en urgencias, porque había tenido un problema de visión doble. Empezó a ver doble. Por la noche, el dictamen era que su ojo tenía una parálisis por el nervio sexto par craneal. Quedó hospitalizada durante seis días porque debía hacerse una cantidad de exámenes. Es un tema delicado. Después de los exámenes, hubo un diagnóstico bastante preocupante y negativo. Hablaban de un meningioma en el cerebro, especialmente en el espacio cavernoso derecho del cerebro. Y, por la ubicación, los médicos decían que era imposible tocarlo, hacer operación. Ya supondrán lo que para mí fue esta noticia. Y para mi hija. Muy duro, pero seguí trabajando.
SEMANA: No entiendo cómo pudo lograrlo.
V.M.: Así es. El día en que tuve consejo de ministros en Barranquilla se confirmó el dictamen de la resonancia magnética. Fue un sábado. El domingo, con el dolor en el alma, hablé con el presidente Abelardo De La Espriella. Le expliqué la situación. Hablamos por teléfono y me quebré. Él es muy humano, muy comprensivo, quedó muy triste y me dijo: “Te entiendo, hay prioridades”. Un ministro es reemplazable, una mamá no. Mire las circunstancias de la vida: pasé por la tragedia de perder un ojo. Y ver a mi hija con un parche es difícil. Lo cuento y me lleno de una tremenda emoción dolorosa. Pero no dudé en mi decisión de renunciar.
SEMANA: ¿Qué le respondió el presidente? ¿Y cómo le pareció la carta que él le escribió en la que aceptó su renuncia y que los colombianos leyeron?
V.M.: Una carta hermosísima. Nunca, creo, se ha aceptado una renuncia a un ministro con una carta de ese nivel de humanidad, solidaridad y amistad. Soy amiga personal del presidente. Y no solo eso, su apoyo. Sé que para él el Ministerio de Educación es muy importante y la tarea que tenemos que hacer en este gobierno es trascendental y contaba conmigo. Pero él, en ningún momento, dudó en decirme que tenía su apoyo. Pero pasó otra cosa.
SEMANA: ¿Qué ocurrió?
V.M.: Esa semana volvieron a hacer una resonancia. Hubo una junta de médicos con neurólogos y otros especialistas e hicieron una resonancia que duró siete días en estudio. Soy cristiana. Las Iglesias, los amigos se enteraron, porque yo, ante un tema de estos, no quise salir a hablar. Y la gente se preguntaba cuál era mi tema personal. Cuando se conoció la renuncia, los amigos y las Iglesias se encadenaron en oración, y el domingo pasado hubo una nueva lectura de la nueva resonancia y salió algo que llama la atención: la desaparición de la lesión inicialmente reportada.
SEMANA: ¿Qué explicación hay?
V.M.: ¡Un milagro! Mi hija empezó a mover su ojito, poco. Todavía no lo tiene ciento por ciento bien, pero esto es un milagro. El domingo pasado, cuando recibí el dictamen, fue emocionante. En mi vida, soy una mujer de fe, he orado y sé que la oración tiene respuesta, pero nunca había recibido un milagro. Allá, en la cabeza, donde decían que no se podía tocar y operar, solo entró la mano de Dios y el reporte es la desaparición de la lesión.
SEMANA: ¿Su hija cómo se encuentra?
V.M.: Recuperando la movilidad de su ojo. Todavía, reitero, no la tiene ciento por ciento. Ella me dice: “Mamá, volví a nacer”. A una niña joven que de un momento a otro le digan que no tiene esperanza con su diagnóstico médico es muy cruel. Ella volvió a nacer y yo también.
SEMANA: ¿Cuántos años tiene su hija?
V.M.: 30 años. Pero es la consentida, la chiquita de la casa, la consentida de sus hermanos. Tengo tres hijos, dos ya casados y Sara, quien ha vivido conmigo la mayor parte del tiempo.
SEMANA: Con el nuevo diagnóstico alentador, ¿insiste en renunciar al Ministerio de Educación?
V.M.: Este miércoles estuve en consejo de ministros y, la verdad, es un tema tan inexplicable. Todos mis compañeros me dijeron: “Ya volviste”. Estaban felices, pero, obviamente, el Estado es un tema muy serio. El presidente aceptó mi renuncia y viene para este ministerio una persona extraordinaria, una jurista brillante y una persona muy íntegra: la doctora Ilva Myriam Hoyos.
SEMANA: Si el diagnóstico favorable de su hija se hubiera conocido antes, ¿no habría renunciado?
V.M.: No, claro que no. El diagnóstico que nos dieron al principio fue lapidario. Yo decía: ¿cómo se pueden manejar todos los temas que tiene este ministerio, que son muchísimos –reconstrucción de escuelas por el terremoto, que los jóvenes vuelvan a clase, más todo lo que tiene esta dependencia como definición de políticas públicas sobre educación–, que suponen 14, 16 horas de trabajo y estar uno mirando todo el tiempo el celular y estar pendiente de noticias de mi hija? Para mí era imposible en ese momento. La gente ahora me dice: “¿Qué va a pasar? ¿Fue precipitado?”. No. No lo fue. El diagnóstico fue muy grave. Y para ella era muy importante que yo le dijera: “Estoy contigo, vamos a dar la batalla juntas y vamos a salir adelante”. Eso le dio mucha fuerza.
SEMANA: ¿Su hija ahora está sana?
V.M.: Sí, ya al ojo le falta un 30 por ciento de recuperación y ahí diríamos: sí, está sana.
SEMANA: Cree en Dios. ¿Cómo fueron sus momentos íntimos de diálogo con él?
V.M.: Oraba todos los días. Su papá, que es pastor, sus hermanos. Al principio en silencio porque esto no se lo comenté a nadie. Los cuatro aferrados a la oración. La abuela, Carlos (Alonso Lucio). El diagnóstico lo conocí el domingo, pero pasó algo. No soy de esas personas que dicen: “Ay, yo le peleé a Dios porque no entiendo”.
SEMANA: Justamente le iba a preguntar: mantuvo su fe intacta. No es fácil semejante diagnóstico para una persona creyente.
V.M.: La noche del sábado, antes de conocer el diagnóstico, le dije a Dios: “No entiendo, mi hija es tan consagrada a ti y este dolor es muy grande. No entiendo. Esta prueba es muy dura”. En un momento le expresé (llora): “Muéstrame tu amor, Señor, porque lo único que no me puede faltar es la fe. No dejes que mi fe se adelgace, que se fragilice, porque es lo único que me sostiene”. Y al día siguiente llegó el nuevo diagnóstico.
SEMANA: Ha enfrentado muchas pruebas difíciles, pero ¿esta es la más fuerte en su vida?
V.M.: Sí. Es muy distinto cuando pasas una prueba con tu carne, pero, cuando es un hijo, hay algo ahí que uno dice: “No, no”. Duele mucho más el dolor de un hijo. Ese domingo, con el diagnóstico, sentí la felicidad más grande de mi vida y sentí que había vuelto a nacer. Brincábamos de la emoción. Mi hija me preguntó: “¿Mami, no sientes pesar, no te lamentas de haber tomado la decisión de renunciar al ministerio?”. Y le respondí: “Hija, uno nunca sabe los tiempos y qué viene hacia adelante. En ese momento tomé la decisión que tenía que tomar”.
SEMANA: Pero la puerta quedó abierta con Abelardo De La Espriella.
V.M.: Yo le dije al presidente que en lo que necesitara y pudiera colaborar, con mucho gusto.
SEMANA: ¿Cómo ha visto el primer mes del gobierno de De La Espriella?
V.M.: ¡Uy! Lo admiro por su trabajo incansable, infatigable. No se cansa, está muy seguro de su visión y eso le da toda la energía posible; los que nos cansamos un poquito somos los ministros, pero el presidente no. El país tiene la esperanza de que se está retomando el buen camino. Lo que sé es que Colombia aún no es consciente del nivel de deterioro en que quedó lo público, el Estado institucionalmente.
SEMANA: ¿Qué tal es como jefe el presidente? ¿Qué tanto exige?
V.M.: Exige y es claro. Esta es la directriz que se ha dado y no pasa por alto si esa directriz se desvía, y llama la atención. O te llama y dice: “Bueno, aquí qué fue lo que pasó”. Pide respuesta. Tiene un control de las cosas y así tiene que ser. Está demostrando un gran liderazgo. Y lo digo: tiene un gabinete ministerial extraordinario. Cuando uno está sentado en los consejos de ministros, se da cuenta de la capacidad técnica, de la devoción por el país, del nivel de trabajo y el nivel humano. No hay competencia entre uno y otro. Nadie está buscando hacer su propia carrera. Hay mucho compromiso con el proyecto.
SEMANA: ¿Qué fue lo más preocupante que encontró en el Ministerio de Educación?
V.M.: ¿Qué encuentro en el gobierno que dejó Gustavo Petro? La crisis más horrible, inimaginable, del Fondo de Prestaciones del Magisterio (Fomag). Aquí podría decir casi que un proverbio común y es que así le paga el diablo a quien bien le sirve. Los docentes fueron un apoyo incondicional en las marchas de Petro, el apoyo político, en la campaña de 2022, y les ofrecieron y les prometieron un sistema de salud que era, según ellos, una maravilla. Pero decidieron acabar con todo lo que había, que antes era con diez prestadores que asumían el riesgo, y los costos eran más o menos de 2,6 billones de pesos al año para la salud. Decidieron improvisar, usar como experimento el sistema de salud de los maestros y lo entregaron sin recursos, desfinanciado, que está costando en dos años el 104 por ciento. Es decir, pasó de 3,4 billones al año a 5,2 billones al año en dos años. Eso qué traduce: por un docente o su familia hay una UPC de 560.000 pesos. Para cualquier ciudadano colombiano es de 140.000 pesos. O sea, el docente está costando por su salud más que cualquier colombiano del común. Eso daría para que cada maestro tuviera el mejor sistema de salud del mundo y hoy el Fomag está sin recursos, porque hicieron un experimento en el que pagan evento por evento y es insostenible. No contrataron red de prestadores, cada vez tienen menos prestadores: de 3.000 con que iniciaron, vamos en 280. Se negó la libertad de elección de maestros y la prevención. ¡Les faltaron a todos los maestros! Increíble, a los profesores, uno de los bastiones del Gobierno, la administración Petro les pagó de esa manera.
SEMANA: ¿Y qué hará el Gobierno de De La Espriella?
V.M.: A partir de septiembre ya no hay plata en el Fomag para la salud de los maestros y el Gobierno tiene que buscar los recursos. Hay que conseguir 1,2 billones de pesos, que piden que se pasen de pensiones y cesantías a salud; el año pasado lo hicieron. El 5 de agosto, el ministro (Daniel Rojas), en el consejo directivo del Fomag, negó la decisión sobre el tema. Que le quede al otro Gobierno. Sin embargo, ese día, dos antes de que se posesionara Abelardo De La Espriella, sí estaban nombrando gente en el Ministerio de Educación, entre ellos al gerente del Fondo de Infraestructura, y dejaron este tema sin resolver. ¡Y hay más cosas gravísimas!
SEMANA: ¿Cuáles?
V.M.: 600.000 millones de pesos en facturas reconocidas por el pasado Gobierno que no pagaron, 800.000 millones en facturas que siguen llegando de 2024. Aparecen y aparecen facturas que no tenían registro presupuestal, que aparecen y hay que pagarlas. El caos total. Uno no sabe por dónde mirar el tema. Pedí que se hiciera una auditoría y trasladé el informe de esta situación a la Fiscalía General de la Nación, porque creo que hay actos de corrupción graves. También a la Procuraduría y la Contraloría.
SEMANA: Hay plata para financiar la salud de los maestros en Colombia hasta septiembre. ¿Qué pasará? El docente que lea esta entrevista se preocupará.
V.M.: Como lo dijo el ministro de Hacienda cuando convoqué al consejo directivo: “Lo primero es mostrarle al país y decirle: de esto no fuimos responsables nosotros, pero de esto tenemos que dar solución”. Es una obligación la atención en salud de los maestros.
SEMANA: Esto es grave. ¿Ya le informó a Fecode?
V.M.: Me reuní una sola vez con el presidente de Fecode, pero entenderá que un mes no es suficiente para hacer lo que uno pretende hacer. Además, porque nos tocó atender el terremoto, en el cual, gracias a Dios, hemos dado extraordinarios resultados en un mes.
SEMANA: ¿Hoy cuántos estudiantes faltan por asistir a clase en las zonas donde el terremoto se sintió con más fuerza?
V.M.: Cuando sucedió el terremoto, trabajamos con los protocolos de gestión del riesgo y el balance fue que quedaron 1.300.000 niños sin colegios porque se afectaron sus instalaciones o porque no se habían hecho los estudios. Hoy han regresado a las aulas 900.000 niños. El 80 por ciento de los alumnos, podemos anunciar hoy, volvió a clases. Esto se debe al trabajo importantísimo que hacen las secretarías de Educación. Siempre estuvimos desde el Ministerio de Educación brindando ayuda. Más de 50 reuniones virtuales con las secretarías. Los casi 300.000 niños que nos quedan es porque viven en la ruralidad dispersa. Hay difícil conectividad, sus escuelas fueron las más afectadas, pero entramos con el Fondo de Infraestructura Educativa, desde la semana entrante, a reparar escuelas. Hay 90 instituciones que tienen colapso total y hay que hacerlas, pero el proceso es más largo porque hay que sacar licencias y otros trámites.
SEMANA: ¿La nueva ministra, Ilva Myriam Hoyos, continuará con su política educativa?
V.M.: Es que esta política educativa es trazada por el propio Gobierno. Creo que sí. En ese tema, por ejemplo, hay que buscar que no haya ideologización en las clases, de ningún tipo, ni política ni de género. Me han satanizado y han dicho que solo hablo de ideología de género, y no. No debe haber ideologización en las escuelas. Los niños tienen que dedicarse a los aprendizajes fundamentales y hay que garantizar la libertad sin imponer ideologías de política ni de ninguna clase. Hay que hacer un aprendizaje sobre evidencias, hechos científicos comprobables y no imponiendo ideologías.
SEMANA: Se reunió con el Partido Conservador y allí se habló sobre unas denuncias de ideología de género. ¿Qué ocurrió?
V.M.: Comentarios que en muchos colegios se han venido oyendo de los padres de familia. El descontento porque los padres no saben qué es lo que se les enseña en la educación sexual a los niños. No lo saben. Y a veces los niños llegan con unas preguntas y ellos los interrogan sobre quién les dijo eso y responden que sus maestros. No conocemos profesores denunciados por eso.
SEMANA: Los críticos de Abelardo De La Espriella dicen que la nueva ministra, Ilva Miryam Hoyos, tiene unas convicciones religiosas más fuertes que usted. ¿Qué opina?
V.M.: No conozco la balanza o el ‘credenciómetro’ para medir o pesar las creencias de cada uno. Tendrán que ver el trabajo de la doctora Ilva.
SEMANA: Usted fue muy criticada cuando llegó al cargo por su fe. Y algunos dijeron que se necesitaban más maestros expertos en la educación y no milagros.
V.M.: Uno sabe que hay una agenda que busca deslegitimar al otro para no llegar al debate de argumentos y lo deslegitiman a uno satanizándolo. Dicen que soy enemiga de los derechos y yo les decía a las señoras congresistas que me critican que fui la autora de la ley de cuotas de la mujer. He defendido los derechos de los niños a que tengan una familia. Discutamos.
SEMANA: ¿Dios debe seguir en las aulas de clase?
V.M.: El tema es qué significa Dios. Está invocado en la Constitución, pero ¿qué significa?: unos principios de civilización cristiana que hablan de la solidaridad, el amor al prójimo, del respeto al otro. Esos son principios que fluyen en unas convicciones cristianas que irrumpen y dan fuerza a la civilización occidental. A eso se refiere. No es que uno vaya a poner a los niños de rodillas a rezar un padrenuestro. Constitucionalmente, está amparada la educación religiosa sin imposición.
SEMANA: ¿Qué deja en marcha y qué le recomienda a Ilva Myriam Hoyos?
V.M.: Que sanee la deuda del Fomag y se garanticen los recursos para la salud de los maestros. Es muy grave. Y hay que empezar a hablar de que hay que revisar los estándares de competencia. Hay que revisar los currículums. Que no se asusten. Son ejercicios que tienen que ser plurales, con participación. En 20 años aparecieron los teléfonos y en la mano hay un universo completo, inteligencia artificial, los cambios que han producido las redes sociales y no puede ser que estemos con los estándares de hace 20 años, cuando nada de esto había pasado. Hay que revisar. Hay que mirar cómo se ha metido la ideología en la educación. Un tema que sorprende: ya no se enseña historia de Colombia desde los años noventa. Y eso permite que, en lugar de historia, se estudien narrativas.
SEMANA: ¿Qué materia incluiría y cuáles sacaría del pénsum académico de los estudiantes?
V.M.: No es tanto así. Es mirar qué objetivos debe tener el aprendizaje: no son materias sueltas como bolitas en un árbol de Navidad. Hay que rediseñar eso con objetivos de aprendizaje, pero lo que es evidente es que los muchachos no pueden seguir teniendo 12 materias. Que tengan seis aproximadamente. Qué pueden aprender.
SEMANA: ¿Qué hacer con Fecode?
V.M.: Debe intentarse primero un diálogo serio, sobre argumentos serios y conocidos por el país. Hay que mirar por qué se insiste en que “se va a privatizar”, cuando, por ejemplo, se habla de los colegios en concesión. Otra de las tormentas que generó un proyecto de decreto que buscaba era la posibilidad de mantener los colegios en concesión, que siguen siendo públicos, pero participan la administración y el sector privado. Estos colegios en Bogotá sacan 20 puntos por encima de las instituciones públicas. Analicemos qué pasa. ¿Y qué responsabilidad les corresponde aquí a los maestros? Por ejemplo, el tema del fondo del magisterio. Miren los intereses de los maestros por dónde van. Pero tiene que ser una discusión pública, sin amenazas.
SEMANA: ¿Fecode se necesita?
V.M.: La libertad sindical existe. Los docentes están en todo su derecho de sindicalizarse, pero miremos que los sindicatos tampoco pueden encerrar a sus agremiados en una visión ajena al bien público.
SEMANA: ¿Le gustó la polémica porque el ICBF propuso hablar de niñez en lugar de niños, niñas y adolescentes?
V.M.: Al país le gusta enfrascarse en polémicas que pueden ser un poco superficiales para no ir al fondo de los problemas. Una cosa es el lenguaje inclusivo; incluso, muchos académicos de la lengua castellana lo rechazan porque ha maltratado nuestra lengua y a veces llega a unas situaciones absurdas y risibles. Hay que volver al sentido común, pero me parece que uno tampoco puede gastar el tiempo de una gestión en ese tipo de discusiones porque dejan todo en la superficialidad e impiden que se vaya al fondo de los temas.
SEMANA: ¿Gustavo Petro ha sido un mal ejemplo para las familias en Colombia? Se separó, los escándalos de sus novias y demás…
V.M.: ¡Ay, Dios! Es una figura decadente que nos llenó de vergüenza a muchos colombianos que creemos que el ejemplo y el testimonio de un líder son fundamentales.
SEMANA: ¿Cómo está Carlos Alonso Lucio, su pareja?
V.M.: (Risas) Lo veo poco porque trabaja mucho allá y yo mucho acá, pero muy emocionado con la construcción del proyecto político de la patria milagro.
SEMANA: ¿Siguen como pareja?
V.M.: Sí, claro. Lo que pasa es que es bastante particular el arreglo, porque nosotros no vivimos bajo el mismo techo (risas). No nos vemos todos los días. Tenemos la libertad de acción el uno y el otro. Entiendo que haya un día en que ni me llame. Está ocupado. Lo que pasa es que para eso se necesita mucha madurez e inteligencia.
SEMANA: Es un noviazgo a distancia…
V.M.: Es un compromiso de vida, entendiendo la vida del uno y del otro.
SEMANA: ¿Todavía ama a Carlos Alonso Lucio?
V.M.: (Risas) Claro, porque si no, no estaría en este compromiso de vida. Él fue el primero a quien le comenté lo sucedido con mi hija y mi renuncia y me dijo: “No lo dudes”. Su apoyo es fundamental.
SEMANA: Usted, como congresista, fue clave para que no investigaran a los congresistas que votaron por absolver a Ernesto Samper del proceso 8.000. Presentó una tutela ante la Corte Constitucional y ganó. Dígame una cosa, ¿Ernesto Samper debió caer?
V.M.: Un día le dije a Ernesto Samper que debió renunciar porque su permanencia en el poder hizo mucho daño. Desde ahí se debilitó tremendamente el Partido Liberal. En una ocasión le expresé: “Presidente, usted debió haber renunciado”. Un poco atrevida, pero creo que hubiera sido una salida que no habría implicado un costo tan alto para un proyecto como el Partido Liberal, que, después de eso, fíjese, nunca más pudo poner presidente.