Si la confesión de las Farc corresponde a la verdad, hay dos conclusiones de profundo calado: 1) Que la Justicia y en particular la Fiscalía fallaron en casi todos los casos porque habían seguido hipótesis equivocadas o porque tuvieron resultados nulos. Incluso, parece que hubo condenas injustas que les costaron décadas de prisión a personas inocentes. 2) La confesión revela el profundo odio con que actuaron las Farc, pues la mayoría de sus víctimas ya habían salido de escena pública en el momento del crimen y algunas de hecho eran cercanas a las banderas de la izquierda. La guerrilla, sin importar el tiempo transcurrido ni la afinidad ideológica, exterminaba a quien fuera.

Estas fueron las muertes que los antiguos cabecillas, en la carta dirigida a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), atribuyeron a la extinta organización:

Pablo Emilio Guarín: mártir del paramilitarismo gracias a las Farc
Pizarro y Rey: los perpetradores de la masacre más atroz en el seno de la guerrilla
Fernando Landazábal: el destacado general que lideró la lucha contra la guerrilla
Chucho Bejarano: un obsesionado con la paz a quien la guerra le quitó la vida