Las amenazas de bandas criminales contra colegios en el municipio de Soledad, Atlántico, han prendido las alarmas.
Para las autoridades, tales amenazas habrían sido realizadas por estudiantes; sin embargo, esto fue cuestionado fuertemente por la Asociación de Educadores del Atlántico, que pidió contundencia en las investigaciones de la Policía Metropolitana.
Ahora, expertos en materia de seguridad y convivencia ciudadana, en conversación con SEMANA, precisan que este fenómeno refleja el creciente interés de estructuras criminales por ejercer control en entornos escolares de todo el Atlántico.
El docente y experto en temas de seguridad de la Universidad del Norte Luis Fernando Trejos asegura que, antes de emitir conclusiones definitivas, no es la primera vez que las instituciones educativas de Soledad quedan en medio de hechos violentos.
“Lo primero que debe tenerse en cuenta es que hay que esperar que las autoridades verifiquen la autenticidad de esos panfletos, pero mientras eso sucede, hay que tener en cuenta que no es la primera vez que se presentan hechos o acciones de violencia en contra de instituciones educativas en el municipio de Soledad”, explica.
El académico sostiene que ya se han presentado ataques criminales contra colegios en el municipio de Soledad por el cobro de lo que serían extorsiones de bandas criminales.
“Ya en años recientes, en algún momento, se disparó en contra de un colegio porque los profesores no estaban pagando extorsión”, afirma.
Para Trejos, los grupos delincuenciales miran los intereses estratégicos dentro de las instituciones educativas, lo que explicaría por qué estos espacios se han convertido en objetivos recurrentes.
“El primero es que son lugares de los cuales pueden extraer rentas vía extorsión, no solo de los docentes, sino de los administrativos de los colegios. Por otro lado, se pueden convertir en plazas de microtráfico y, además, pueden estar reclutando a niños, jóvenes y adolescentes en los colegios”, indica.
De igual manera, precisa que es necesario que las autoridades locales y judiciales le den una solución definitiva a esta problemática.
“De ahí que se hayan convertido, entonces, en escenario reciente de la violencia que se está escenificando en el departamento del Atlántico”, manifiesta.
De igual manera, agrega: “Aquí lo que se esperaría, bueno, lo primero, es que las autoridades garanticen la seguridad y control de los colegios. Seguramente deben estar formulando algún tipo de plan o estrategia en el cual se despliegue un dispositivo policial en torno a estos colegios en particular”.
Por su parte, el profesor y experto en asuntos de seguridad de la Universidad Libre de Barranquilla Alejandro Blanco sostiene que las amenazas no pueden minimizarse ni interpretarse como hechos aislados.
“Las amenazas no pueden ser entendidas como hechos aislados ni una situación improvisada; este fenómeno responde a una estrategia deliberada de grupos criminales en aras de imponer su dominio en barrios de Soledad”, afirma.
También, Blanco recordó que este tipo de prácticas de las bandas criminales lo que buscarían sería demostrar su control territorial y demostrar su poderío.
“Al amenazar colegios y paralizar la vida institucional, ellos demuestran que el Estado no garantiza seguridad, lo que se puede traducir en más cobros de extorsiones, en mayor control de la vida social y mayor capacidad de legitimidad social”, insiste.
Al tiempo, dice que, en caso de ser cierta la versión de las autoridades de que los estudiantes serían las autoridades, es grave que los menores de edad estén normalizando la violencia.
“Es especialmente grave porque, si esta situación fuera real, significaría que una parte de los estudiantes está usando el mismo lenguaje, el mismo tono intimidante y las mismas formas de amenaza que emplean las bandas criminales para sembrar miedo y paralizar una comunidad”, explica.
Blanco considera que estas conductas evidencian un fenómeno social más profundo.
“En otras palabras, que los estudiantes adopten el lenguaje de los criminales no es una ‘broma pesada’, sino un síntoma de cómo la violencia estructural está siendo internalizada y reproducida por los propios menores, incluso cuando no haya un arma de por medio”, puntualiza.