“Si está leyendo este libro en medio de una crisis, quiero decírselo desde la primera página: no está solo. Tal vez llegó aquí porque algo se rompió. A veces no es una sola cosa, sino varias al mismo tiempo: una persona, una etapa, una certeza, un sueño, una versión de usted mismo. Tal vez todavía no logra ponerle nombre a lo que duele, pero sabe que algo ya no es como antes. Y ese reconocimiento —aunque parezca pequeño— ya es un primer paso. Ya es una forma de estar vivo.

Este libro no nació en la comodidad ni con base en la teoría. Nació de la vida real. De mi experiencia. A partir del dolor, sí, pero también de los nuevos comienzos. Después de las caídas, pero sobre todo con decisión —una y otra vez— de no quedarse inmóvil.

María Carolina Hoyos es hermana de Miguel Uribe. Foto: Mediapluma Editorial

Lo escribí caminando hacia atrás y hacia delante al mismo tiempo. Volviendo a mis dolores, a mis pérdidas, a mis miedos más antiguos, pero también avanzando hacia lo que aprendí, hacia lo que se transformó, hacia las rendijas por donde, sin avisar, la vida volvió a dejar entrar la luz.

A veces pienso en las uvas que producen los mejores vinos. No crecen en condiciones cómodas. Crecen en suelos áridos, con poca agua, bajo un sol implacable. Es precisamente esa tensión, esa lucha silenciosa por sobrevivir, lo que concentra su sabor, su carácter, su esencia.

La vida no siempre nos ofrece tierra fértil y clima perfecto. Pero he aprendido que el carácter también se concentra bajo presión.

Pienso también en las perlas. Nacen del dolor de una ostra cuando un grano de arena la hiere. Para protegerse, crea capas y capas de nácar… y de esa herida surge belleza. No porque la herida sea buena, sino porque la respuesta lo transforma todo. La belleza no niega el dolor; lo integra.

Esa imagen me ha acompañado durante años: no todo lo que hiere destruye. Algunas cosas, si se trabajan por dentro, se convierten en perlas.

María Carolina Hoyos se prepara para abrir su corazón en la FilBo con ‘Felicidad imperfecta’ y sus lecciones sobre cómo levantarse cuando la vida se rompe

El acero templado solo alcanza su fortaleza después de ser expuesto al fuego y luego enfriado bruscamente. Sin esa tensión térmica, sería un metal débil. Durante mucho tiempo creí que la vida me estaba rompiendo. Con los años entendí que también me estaba templando. No para volverme rígida, sino para volverme firme. No para endurecerme, sino para sostener.

He comprendido algo más: vivimos en la mente. Pensamos más de lo que vivimos. Interpretamos más de lo que sucede. El territorio donde realmente se define nuestra experiencia no es el evento en sí mismo, sino la lectura que hacemos de él.

Cuando la mente cambia, todo cambia. Cuando cambié mis preguntas, cambió mi manera de vivir lo que me había ocurrido.

Diana Turbay y sus hijos. (COLPRENSA-ARCHIVO). Foto: COLPRENSA

Mi vida se partió. Murieron dos de las personas que más he amado, asesinadas de la misma manera. Además, mi madre de la vida, Nydia, se fue en el momento más inoportuno. Podría haber quedado definida solo por esa fractura. Pero esa no es toda la historia. Porque la vida no solo se mide por lo que se rompe, sino también por la estructura que decidimos construir después de la ruptura.

Lo escribí después de recorrer el país, dando talleres a víctimas de la violencia en gran parte de Colombia. Oír sus opiniones, cómo se aproximaban al dolor, sus heridas. También dictando conferencias a compañías, y entendí que mi teoría no solo aplica para personas, sino también para corporaciones, para profesionales, para estrategias de empresas.

Podría parecer una historia marcada por la tragedia. No lo es. Es una historia marcada por la insistencia de la vida. Nada ha sido completamente negro. Nada ha sido completamente blanco. Como en la vida misma, todo tiene matices.

Este libro no es un manual para “estar bien”. No es una promesa de felicidad constante. No es una receta para evitar el dolor; tampoco es solo un relato.

A lo largo de estas páginas fui entendiendo algo esencial: cuando la vida se desordena, no basta con el consuelo; necesitamos orientación. No una fórmula mágica, sino una manera de volver a ubicarnos cuando todo parece confuso. De ahí nace lo que llamo el mapa secreto de la vida.

María Carolina Hoyos Turbay. Foto: Guillermo Torres / Semana

Este libro le entrega ese mapa. No como un plano rígido, sino como una brújula interior.

Tal vez este sea el primer libro mío que usted lee. O tal vez llegue aquí después de haber leído Desde el fondo del mar. En cualquier caso, quiero decírselo con honestidad: este libro no reemplaza al anterior ni lo repite. Lo continúa desde otro lugar.

Si el primero fue escrito en la inmersión, este está escrito desde la respiración aprendida. Si aquel nació del impacto, este nace de la integración. Soy la misma mujer que escribió aquel libro. Pero hoy sí tengo más perspectiva. Más preguntas y respuestas. Más conciencia de cómo se vive después del dolor, no solo dentro de él.

Felicidad imperfecta no es un libro más optimista; es un libro más lúcido.

Concretamente, ¿qué encontrará aquí? Encontrará lenguaje para lo que le pasa cuando no sabe cómo nombrarlo. Encontrará marcos de comprensión para atravesar el dolor sin quedarse atrapado en él. Encontrará preguntas clave —no para responderlas rápido, sino para que lo acompañen— cuando las certezas se rompen. Encontrará pausas, ejercicios y reflexiones que no buscan cambiarlo de inmediato, sino ayudarle a mirar distinto y a decidir con más consciencia.

A lo largo del libro aparecen cuatro grandes coordenadas que atraviesan toda la experiencia humana y que, con los años, entendí que también atravesaban mi propia vida.

La resiliencia acumulada: la comprensión de que nada de lo vivido fue en vano, de que cada caída deja estructura y cada herida, si se integra, se convierte en sostén. No para endurecerse, sino para no desmoronarse cuando el piso vuelve a moverse.

La felicidad imperfecta: la certeza de que no hay que esperar a que la vida sea perfecta para vivirla. Que la felicidad no es ausencia de dolor, sino la capacidad de seguir adelante con sentido, incluso con heridas abiertas. No como resignación, sino como elección consciente.

La herencia invisible: aquello que recibimos sin darnos cuenta y que, querámoslo o no, transmitimos. Valores, miedos, silencios, maneras de amar y de decidir. Reconocer esa herencia permite elegir qué continuar y qué transformar, para que la historia no se repita sin conciencia.

Y la red que acompaña: la confirmación de que nadie atraviesa lo importante en soledad. A veces la red es la familia, a veces son los amigos, a veces se trata de personas que aparecen en momentos clave. Recordar la red es recordar que pedir ayuda también es una forma de fortaleza.

María Carolina Hoyos abre su corazón en SEMANA. Revela la canción que le canta a Miguel Uribe Turbay en la UCI y cuenta los milagros que ha visto

Estas coordenadas no aparecen ordenadas porque la vida no lo está. Se cruzan, se superponen, se contradicen a veces. Como nosotros. El mapa que propongo no busca controlar el camino, sino ofrecer criterio cuando el terreno se vuelve inestable.

Si en algún momento siente que este libro lo confronta más de lo que lo consuela, no lo lea como una falla. A veces crecer incomoda. A veces avanzar exige soltar ideas que nos protegían, pero que ya no nos sirven.

Este mapa no pretende evitarle el dolor ni prometerle claridad inmediata. Lo que sí puede ofrecerle es criterio: una manera de leer lo que le ocurre sin perderse, de atravesar momentos difíciles sin endurecerse, de tomar decisiones sin traicionarse.

A mí me permitió pasar del caos a la orientación, del miedo paralizante a la responsabilidad consciente. No porque la vida se volviera más fácil, sino porque se volvió más legible.

Aprendí que no siempre podemos cambiar lo que nos pasa, pero casi siempre podemos elegir cómo lo atravesamos. Esa elección —silenciosa, cotidiana, imperfecta— es una forma profunda de libertad.

Puede leer este libro de corrido o por partes. Puede subrayarlo, detenerse, cerrarlo y volver después. No hay una forma correcta de leerlo. Solo le propongo una cosa: léalo con honestidad. No para cambiar de inmediato, sino para escucharse.

Si en algún momento necesita cerrarlo porque toca fibras sensibles, hágalo. Volver también es parte del proceso. Los libros que acompañan de verdad no exigen, esperan.

Si al cerrar estas páginas usted logra reconocer en qué punto del camino está, qué cargas ya no le corresponden, qué aprendizajes lo sostienen y desde dónde quiere seguir caminando, entonces el mapa secreto habrá cumplido su función. No como una solución externa, sino como una brújula interior a la que puede volver cada vez que la vida —inevitablemente— vuelva a moverse.

Este libro no fue escrito para lectores perfectos ni para vidas ordenadas. Fue escrito para quienes siguen adelante aun cuando no tienen todo claro. Para quienes avanzan con miedo, con dudas, con cansancio, pero avanzan.

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Si este libro llega a usted en un momento de quiebre —o incluso en un momento de calma— deseo que encuentre aquí algo más que palabras: una compañía, una perspectiva, orientación y una certeza sencilla, pero profunda.

La vida no se vive en perfección. Se vive en sentido.

Y el sentido no siempre aparece como una gran revelación. A veces aparece como un pequeño ajuste. Una decisión distinta. Un límite fijado a tiempo. Una pausa asumida sin culpa.

Siempre, incluso en medio de la tormenta, se puede volver a empezar.

Gracias por estar aquí. Gracias por leer con el corazón abierto. No está solo”.