El ministro del Trabajo, Antonio Sanguino, le pidió al ELN que le diga la verdad sobre la desaparición y muerte de Juan Antonio Sanguino, su hermano, ocurrida hace 40 años.

En una carta dirigida al Comando Central del ELN, especialmente a los jefes subversivos Antonio García, Nicolás Rodríguez Bautista y Pablo Beltrán, les reconoció que esa no era una comunicación fácil para él, que ha sido desde su adolescencia, un comprometido militante de izquierdas.

El presidente Gustavo Petro y Antonio Sanguino, ministro del Trabajo, en Cartagena, el 29 de diciembre de 2025. Foto: Ovidio González - Presidencia de Colombia

“Llevo casi 40 años rumiando la manera como debo aproximarme a ustedes para reclamarles la verdad y reparación”, afirmó.

Se trata de un caso que, en su momento, lo devastó personalmente y cuyo impacto en su familia contuvo con su silencio, replicando con resignación y temor el mutismo del grupo guerrillero.

“Hablo de la desaparición forzada de mi hermano Juan Antonio Sanguino Paez, ocurrida en junio de 1986 a manos de una estructura del ELN en Bogotá. Los dos últimos registros de su paradero, que he podido recabar en estos años, fueron una cita clandestina a la que acudió en una cafetería ubicada frente al Jardín Botánico José Celestimo Mutis de la capital del país con un contacto del ELN, así como un recado que me dejó telefónicamente en Bucaramanga, donde yo residía por aquel entonces, advirtiendo que estaba de paso por la ciudad y que a su retorno se comunicaría conmigo. Ese regreso nunca ocurrió”, narró el ministro.

El Comando Central del ELN no ha respondido la misiva del ministro Antonio Sanguino. Foto: AFP

Antonio Sanguino supo que su hermano se dirigía a una escuela guerrillera en el Frente Camilo Torres que operaba en el sur del Cesar, “requisito indispensable para asumir sus responsabilidades como nuevo integrante de la Dirección Regional del ELN de la capital, deignación que había recibido en los primeros meses de ese año”.

El alto funcionario dijo que entiende que una vez allí, en algún campamento de aquel frente guerrillero, Juan fue sometido a un mal denominado ‘juicio revolucionario’. “Fue condenado a muerte después de haber sido acusado y supuestamente hallado culpable de filtración como agente de las Fuerzas Militares”.

El Gobierno Petro suspendió las negociaciones de paz con el ELN en enero de 2025 por la violencia que desataron sus hombres en el Catatumbo. Foto: AFP

“Como ustedes saben, Juan y yo compartíamos en ese momento militancia con el ELN. Un miembro de la Dirección del Frente de Guerra Nororiental me enteró de ese doloroso suceso en octubre de 1988, dos años y cuatro meses después. Nunca se me aportó la verdad de los hechos, ni mucho menos me entregaron el cuerpo de mi hermano Juan o se me informó el sitio de ubicación del mismo”.

Este silencio —añadió Sanguino— ha permanecido, a pesar de los múltiples procesos de diálogo adelantados en los últimos 40 años entre el ELN y el Estado, en los cuales se ha incorporado, en buena parte de ellos, la búsqueda de acuerdos humanitarios para abordar casos y situaciones como estas.

“Quiero pedirles públicamente que se me otorgue lo que me ha sido negado en estos 40 años de silencio eleno. Les pido que me entreguen la verdad plena de lo ocurrido. Les solicito que se haga entrega a mi familia de los restos mortales de Juan Antonio. Les pido que dicha entrega se produzca a través de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Les exijo, además, que hagan a mi familia la respectiva petición de perdón por este asesinato”, expresó.

Y remató pidiendo al ELN que sea el grupo armado el que dé el primer paso para reconocer uno de los fenómenos poco visibles del conflicto político armado colombiano: el de los fusilamientos de combatientes en sus propias filas. “Asumamos a Juan Antonio como un caso emblemático. ¿Lo aceptan? Quedo atento a sus respuestas", remató.

El gobierno de Gustavo Petro suspendió las negociaciones de paz con el ELN desde enero de 2025 tras las masacres perpetradas por este grupo armado en el Catatumbo, en Norte de Santander.