Luego de pronunciar su último discurso público, en la localidad de Ciudad Bolívar, en el sur occidente de Bogotá, el presidente de la República saliente, Gustavo Petro, realizó una intervención en la instalación del nuevo Congreso.
El mandatario manifestó en la sede del Legislativo:
“Yo entré aquí hace 35 años por primera vez, como representante a la Cámara por Cundinamarca; fui de la primera generación de congresistas después de que se declarara la Constitución de 1990. Un siglo duró la del 86, fue el Partido Liberal el que se enfrentó durante ese siglo, unas veces armado y otras desarmado, a una Constitución autoritaria. Fracasó en el intento, finalmente todo terminó en un genocidio liberal y un acuerdo de paz entre liberales y conservadores.
“Dejaré datos de evaluación de Gobierno, ustedes tendrán la oportunidad de comparar. Nunca hice un debate sin pruebas, esa es mi fama aquí, nunca me molestó la justicia sobre una injuria o calumnia, me dediqué a varios debates para descubrir quiénes aquí se sentaban en relación con el narcoparamilitarismo y todo terminó en que era cierto y el 35 % del Congreso terminó preso, no por mí, por la Corte Suprema de Justicia. Usted me exige pruebas (haciendo referencia a Lidio García) y siempre las he dado, no desconfíe de mí.
Y añadió en respuesta al presidente del Senado saliente, Lidio García:
“Sé que la voz del presidente tiene una incidencia que puede ser mortal. Esta noche se hace pública la demanda de nulidad (contra la victoria de Abelardo De La Espriella como mandatario electo), es que ya se presentó con todas la pruebas que usted podrá analizar. Uno de los primeros debates será ese: ustedes ya evaluarán, el debate político se abre, debate judicial y acompañará los próximos años”.
La postura de Petro al inicio de su discurso respondió a una reflexión que lanzó Lidio García:
“Esa generosidad, quiero pedírselo, presidente Gustavo Petro, requiere reciprocidad. Quien ha tenido la oportunidad de gobernar tiene el deber de proteger esa generosidad. Ningún presidente fortalece las instituciones cuando las desacredita sin pruebas, formula acusaciones sin fundamento o convierte la sospecha permanente en instrumento de confrontación. Las palabras pronunciadas desde la primera magistratura tienen un peso especial: pueden fortalecer la confianza ciudadana o sembrar incertidumbre.
“Observo con preocupación cómo, cuando el país necesita serenidad, comienzan a intensificarse las descalificaciones y enfrentamientos entre sectores que comparten la responsabilidad de dirigir a Colombia. Los ciudadanos observan esas disputas con sorpresa y desilusión. Esperan liderazgos, no rivalidades. No agravios, esperan a dirigentes capaces de entender que el momento exige grandeza, generosidad, sentido del país".