SEMANA: ¿Cómo vio la decisión de la JEP de imputar al general (r) Mario Montoya por falsos positivos?

JOSÉ OBDULIO GAVIRIA: Contra el general ( r) Mario Montoya ha habido una conspiración política desde cuando él, siendo el comandante de la Cuarta Brigada, comandó operativos que iban dirigidos contra las principales organizaciones guerrilleras (Farc, el ELN y los paramilitares). Él no hacía distinción entre terroristas buenos y terroristas malos. Él se convirtió en el objetivo político que identificaba la izquierda, en particular los colectivos de abogados, con el ejercicio firme de la autoridad, con la defensa de la institucionalidad en Colombia. Toda su vida ha tenido que pagar ese precio enorme, un precio de haber sido un gran conductor militar del ejercicio firme de la autoridad y la fuerza legítima del Estado.

SEMANA: La JEP le imputó cargos y reveló, entre otras cosas, que el entonces oficial les pedía a sus hombres “carrotanques de sangre”. ¿Esto no es preocupante, alarmante?

J.G.: Es la expresión, casi caricaturesca, de lo que era ejercer la fuerza del Estado contra las organizaciones guerrilleras. Perseguir al criminal era pedir tancados de sangre. Por eso, siempre hubo desde la guerra judicial de la izquierda una identificación de los militares más eficaces. Y no eficaces porque fueran terroristas de Estado, sino por los resultados de la cúpula militar a la que perteneció Mario Montoya, fueron enormes no solo en las bajas a organizaciones criminales. Por ejemplo: en el combate al narcotráfico, en la interceptación de los alijos de coca, en la persecución a todo el esquema económico de los grandes carteles de la droga, particularmente las Farc. Entonces, él fue objeto mediante afirmaciones que, incluso, muchas veces suponen también la preparación de testigos hasta de las Fuerzas Armadas. Si se observa, muchas de las declaraciones en contra de altos mandos militares fueron urdidas por militares y policías corruptos.

José Obdulio Gaviria asegura que contra el general (r) Mario Montoya ha habido una conspiración política .

SEMANA: ¿Cualquiera que lea esta entrevista podrá atribuirle a usted una defensa al general (r) Montoya?

J.G.: Yo defiendo la honradez e, incluso, institucionalidad del general (r) Montoya. La vivimos no solo por la forma como se ejercía, por ejemplo, en Antioquia, y luego a nivel nacional, sino por los resultados que generaron las grandes debacles de la guerrilla, que para la izquierda era invencible (...). Uno de los intentos de desmoralizar a Montoya y de generar una campaña mediática contra él fue la llamada desde el avión presidencial de Hugo Chávez al lado de Piedad Córdoba. Lo llamaron para dizque discutir con él el tema de la liberación de los secuestrados por parte de las Farc, es decir, por ellos mismos.

SEMANA: Álvaro Uribe ha dicho que él no entregó órdenes a sus oficiales de cometer falsos positivos. Y expresó que algunos integrantes de las Fuerzas Armadas, por lucirse, violaron los derechos humanos.

J.G.: Cuando el presidente Álvaro Uribe se posesiona comienza a darse el fenómeno que ya se había observado en Antioquia: él actuó como primer policía y soldado (en el caso de Antioquia como gobernador y en Colombia como presidente). Cuando llegaron noticias creíbles sobre algunos militares respecto a los llamados falsos positivos, inmediatamente actuó. Creo, hubo un descabezamiento de más de 23 altos oficiales para investigación, no condenados. Uribe siempre definió la seguridad democrática como una seguridad para todos, pero ante todo como una actuación legítima del Estado apoyado por la población para enfrentar la amenaza terrorista.

SEMANA: Pasemos a otro tema, ¿por qué cree que Petro se está ausentando tanto y está incumplimiento su agenda?

J.G.: Mi percepción, después de convivir dos años con Gustavo Petro en la Comisión Primera del Senado, es que él es un ser degradado, que él mismo se ha descrito en su autobiografía, describió sus episodios de droga, depresión. Él desprecia completamente la racionalidad civilizada en los métodos de discusión, él agrede, incluso utiliza mentiras, él no mira a los ojos de las personas. La forma como el presidente se expresó este jueves de la empresa Argos da dolor. La verdad es poner en entredicho la esencia de lo que es el sistema capitalista, es decir, el sistema de la libertad.

José Obdulio Gaviria asegura que las afirmaciones de Ingrid Betancourt sobre el caso de Gustavo Petro "no es creerle o no. Es la narración de un hecho que la sorprendió". | Foto: NO

SEMANA: ¿A qué biografía se refiere?

J.G.: Usted lo encuentra en el trino de mi amigo, el académico Luis Guillermo Vélez Álvarez. Él reprodujo la frase textual: “Con una amiga colombiana exploré el consumo de algunas drogas, la experimentación con las sensaciones, el viaje hacia el interior, hacia lo profundo, desligado de los nexos de la sociedad, de mi propia lucha y vocación; trataba de explorar los nuevos rincones de una geografía interna (...)”.

SEMANA: Es decir, ¿usted le cree más a Ingrid Betancourt que a Gustavo Petro?

J.G.: Un minutico, el tema de Ingrid Betancourt no es creerle o no. Es la narración de un hecho que la sorprendió. Ella no está ideando nada, ahí no hay una pseudología fantástica o fantasiosa de una persona con imaginación que construye un escenario. Ella, simplemente, está describiendo un hecho que le pareció muy extraño y que luego viene a ser contrastado con las propias palabras de Petro y corroborado en modo, tiempo y lugar con otro testimonio, el de Carlos Alonso Lucio, que estaba allí presente en ese momento.

SEMANA: Conclusión, ¿usted sí cree que algo le pasa al presidente y por eso se ausenta?

J.G.: Es un personaje fuera de control. Eso no es extraño en el ejercicio del poder. Lo importante es qué controles tiene el poder mismo cuando es democrático para neutralizar el efecto de la enfermedad.

"La remoción del cargo de un presidente en Colombia es prácticamente imposible", asegura José Obdulio Gaviria. | Foto: GUILLERMO TORRES

SEMANA: ¿Cree que el Congreso apruebe la proposición para que Petro se someta a un examen?

J.G.: Se debiera hacer, pero no entrar en el escenario ecuatoriano de destitución de presidentes por problemas mentales. Estoy recordando la destitución del presidente de Ecuador Abdalá Bucaram. Fue un caso específico, fue una utilización muy artificiosa de una institucionalidad muy débil. De lo contrario, creo que los colombianos estamos obligados a pagar el precio de haber elegido a Petro, es decir, mientras no haya aceptación por parte de él de sus limitaciones o por parte de su entorno más intimo, será el gobernante de Colombia. Esperamos derrotar esas fuerzas en el 2026. Las consecuencias y los destrozos del ejercicio del poder por parte del presidente los tenemos que pagar por haberlo elegido.

SEMANA: Es decir, ¿usted cree que, así Petro tenga algún problema, que siga?

J.G.: Claro, obviamente. Quienes construyeron esa institucionalidad sobre la forma de enjuiciar a los presidentes o de tratarlos, partieron de la base de que eran inmunes a cualquier enfermedad o tenían la condición de seres eternos mientras estuvieran en el poder. Se nos olvidó la historia, que está llena de ejemplos: en Venezuela, por ejemplo, hay antecedentes del ejercicio del poder donde se inspira Gabriel García Márquez para escribir el Otoño del Patriarca. Otro ejemplo: el enloquecimiento de un señor Escalante que estaba prácticamente elegido presidente en Caracas. Estamos hablando de 1945- 1946.

SEMANA: ¿O sea que, así Petro tenga cualquier patología, no podrán sacarlo del poder?

J.G.: La remoción del cargo de un presidente en Colombia es prácticamente imposible. El mejor ejemplo: Ernesto Samper. Todos declarando en contra del expresidente: Botero, Medina (el tesorero), contando en detalle lo ocurrido, los narcotraficantes confirmando el hecho. Nada que hacer.