Las condiciones de sequía asociadas a temporadas con menos lluvias favorecen la presencia de polvo, material particulado y humo en el ambiente.
El problema puede agravarse cuando se presentan incendios forestales, cuyos contaminantes pueden desplazarse a grandes distancias.
Dipsella Hernández, coordinadora de Terapia Respiratoria del Hospital Infantil Universitario de San José, explica que un fenómeno de El Niño intenso puede aumentar el calor, la sequedad y los incendios, elevando la cantidad de polvo y humo presente en el aire.
El riesgo no es igual para todas las personas. Los niños pequeños, los adultos mayores, las mujeres embarazadas y quienes tienen asma, Epoc u otras enfermedades respiratorias o cardiovasculares requieren especial cuidado.
En el caso de los menores, la especialista señala que la precaución debe ser mayor porque sus pulmones todavía están en desarrollo. La exposición al humo y a otros contaminantes puede relacionarse con síntomas como tos, irritación de garganta, dificultad para respirar y crisis de asma.
La preocupación también tiene respaldo en estudios científicos. Una investigación publicada en 2025 en Nature Sustainability, que analizó 1.052 comunidades de ocho países, encontró una relación entre una mayor exposición a contaminantes de incendios y un incremento del riesgo de hospitalización por asma, Epoc e influenza.
Los menores de edad y las personas mayores de 60 años estuvieron entre los grupos más afectados.
Además, la Organización Mundial de la Salud ha advertido sobre el tamaño de las partículas presentes en el humo de los incendios, algunas de las cuales pueden alcanzar las zonas más profundas de los pulmones.
Por eso, aunque una persona no se encuentre cerca de un incendio, no necesariamente está fuera de riesgo: el humo puede permanecer suspendido en el ambiente y desplazarse con las condiciones del viento.
¿Qué síntomas deben encender las alarmas?
Una exposición a aire contaminado puede producir molestias que van desde irritación de ojos y garganta hasta problemas respiratorios más importantes.
Entre las señales a las que se debe prestar atención están tos persistente, falta de aire, silbidos en el pecho, irritación de garganta y ojos, mareos y fatiga, de acuerdo con la especialista Hernández.
Las personas que tienen asma, Epoc u otra enfermedad respiratoria deben prestar especial atención a cualquier cambio respecto de sus síntomas habituales y mantener el tratamiento formulado por su médico.
Durante las temporadas secas, la menor presencia de lluvias puede favorecer la acumulación de polvo, humo y otros contaminantes en el ambiente. Esta situación representa un riesgo mayor para quienes tienen asma, Epoc u otras enfermedades respiratorias.
En los niños también hay señales que requieren atención inmediata. El hundimiento de las costillas al respirar, la somnolencia excesiva o la dificultad para beber líquidos pueden indicar que el menor está teniendo una afectación respiratoria importante.
La recomendación de las autoridades sanitarias es mantener la vigilancia de las enfermedades respiratorias durante estos periodos y consultar oportunamente cuando los síntomas empeoren.
El mensaje de prevención es sencillo: durante las temporadas secas no basta con protegerse del calor. También es significativo saber qué se está respirando y reducir la exposición cuando la calidad del aire empeora.