La decisión de someterse a una cirugía estética no depende únicamente de las condiciones físicas del paciente. Especialistas señalan que también es necesario evaluar el estado emocional y psicológico, ya que algunas personas pueden buscar una intervención con expectativas que no se resuelven mediante un procedimiento quirúrgico.
De acuerdo con un estudio publicado en la revista Cirugía Plástica Ibero-Latinoamericana, entre el 6 % y el 15 % de las personas que solicitan procedimientos estéticos presentan trastorno dismórfico corporal (TDC), un trastorno de salud mental caracterizado por una preocupación persistente por defectos físicos que suelen ser mínimos o imperceptibles para los demás.
Según Beatriz Hincapié, CEO de Mentoring Medic, esta condición modifica la percepción que una persona tiene de su propia imagen, lo que puede llevarla a revisar constantemente su apariencia frente al espejo, buscar validación externa o evitar situaciones sociales debido a la angustia que le genera su aspecto físico.
La especialista indicó que, antes de aprobar una cirugía estética, es importante identificar señales como expectativas desproporcionadas sobre los resultados, presión de la pareja, familiares o el entorno social, crisis emocionales recientes y antecedentes de múltiples procedimientos sin satisfacción duradera.
“Un procedimiento estético puede corregir una característica física que genera incomodidad, pero no tiene la capacidad de resolver conflictos emocionales profundos. Por ello, la creencia de que una cirugía puede solucionar dificultades relacionadas con la autoestima, la aceptación personal, las relaciones afectivas o la felicidad nunca debe ser la causa para decidir realizarse una cirugía”, afirma.
Hincapié explicó que, cuando la insatisfacción proviene de la percepción que la persona tiene de sí misma y no de una condición física objetiva, las intervenciones adicionales suelen generar frustración. “Cuando la insatisfacción proviene de la percepción que la persona tiene de sí misma y no de una condición física objetiva, nuevas intervenciones suelen generar frustración en lugar de bienestar”, agrega.
La directiva también señaló que las redes sociales han incrementado la presión por alcanzar estándares físicos difíciles de reproducir, debido a la exposición constante a imágenes editadas y filtros de belleza, lo que impulsa comparaciones con versiones digitales de otras personas o de uno mismo.
Como parte del proceso de reflexión, recomendó que quienes contemplan una cirugía se pregunten si el deseo de cambiar responde a una convicción personal o a comentarios externos, cuánto tiempo llevan sintiendo esa inconformidad y qué esperan que cambie en su vida tras el procedimiento. Asimismo, sostuvo que una adecuada valoración emocional permite identificar cuándo una cirugía puede aportar bienestar y cuándo resulta más conveniente brindar primero el acompañamiento necesario.