Una investigación reciente liderada por científicos de la Universidad de California en San Francisco ha identificado una proteína asociada al deterioro de la memoria y al envejecimiento cerebral.

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El estudio, difundido en revistas científicas de alto impacto como Nature, se centra en el papel de células del sistema inmune, en particular los linfocitos CD8+ envejecidos, que al acumularse con la edad, liberan una enzima llamada granzyme K (GZMK).

Esta sustancia estaría directamente implicada en la disminución de la plasticidad neuronal y en la reducción de la capacidad de aprendizaje y memoria en modelos animales.

Según los resultados experimentales, cuando esta proteína o su actividad fue bloqueada en ratones de edad avanzada, se observó una recuperación parcial de funciones cognitivas.

Del mismo modo, la transferencia de células inmunes envejecidas a animales jóvenes provocó efectos negativos en su rendimiento cognitivo.

Esto refuerza la hipótesis de que factores circulantes en la sangre pueden influir directamente en el cerebro.

Los investigadores señalan que estos hallazgos ayudan a comprender mejor cómo el sistema inmunológico y el cerebro interactúan durante el envejecimiento.

En lugar de considerar el deterioro cognitivo únicamente como un proceso interno del cerebro, el estudio propone que elementos externos, como proteínas liberadas por células inmunes, también desempeñan un papel decisivo.

Los autores subrayan, sin embargo, que se trata de investigaciones realizadas en modelos animales, por lo que aún no es posible confirmar su aplicación directa en humanos.

Aun así, destacan que el descubrimiento abre una línea prometedora para el desarrollo de tratamientos que apunten a frenar o incluso revertir ciertos aspectos del deterioro cognitivo asociado a la edad.

El trabajo forma parte de una creciente área de estudio que busca entender el envejecimiento cerebral desde una perspectiva sistémica.

En esta no solo intervienen las neuronas, sino también el sistema inmunológico, el metabolismo y otros factores biológicos periféricos.

Un hallazgo adicional del estudio indica que la influencia de esta proteína no se limita únicamente a procesos aislados de memoria.

El estudio sugiere que la influencia de esta proteína no se limita únicamente a procesos aislados de memoria, sino que podría estar involucrada en mecanismos más amplios del envejecimiento cerebral. Foto: AFP

También podría formar parte de un mecanismo más amplio en el que el sistema inmunológico envejecido altera la comunicación entre neuronas y reduce la capacidad del cerebro para adaptarse a nuevos estímulos.

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Los investigadores señalan que este tipo de interacción entre células inmunes y tejido cerebral refuerza la idea de que el envejecimiento es un proceso sistémico, en el que distintos órganos y sistemas del cuerpo participan de forma coordinada en el deterioro cognitivo.

El descubrimiento abre una nueva vía para entender y eventualmente intervenir el envejecimiento cerebral.