La atención mediática al terremoto del 10 de agosto ha disminuido, pero la emergencia para los sobrevivientes apenas comienza. Miles de personas deberán reconstruir su vida después de sufrir lesiones y cambios en sus capacidades físicas, cognitivas, sensoriales y emocionales, en un proceso que requiere servicios de rehabilitación y atención en salud mental.

El sismo afectó a más de 262.154 personas y a más de 147.000 familias en 471 municipios de 15 departamentos. Al menos 30.664 viviendas quedaron destruidas y otras 136.946 resultaron afectadas. Además, 352 centros de salud, 3.470 instituciones educativas y 4.971 centros comunitarios sufrieron daños.

A un mes del terremoto en Colombia, estas son las impactantes cifras que deja la catástrofe

El terremoto de Venezuela de junio de 2026, con más de 6.000 fallecidos y 16.740 heridos, anticipa algunas de las consecuencias que pueden presentarse después de un desastre de esta magnitud. El 40 % de los amputados fueron niños, niñas y adolescentes, y al menos uno de cada tres sobrevivientes de un sismo grave desarrolla TEPT u otro trastorno de salud mental.

A esto se suman traumatismos craneoencefálicos, lesiones medulares, eventos cerebrovasculares, neuropatías por compresión, plexopatías y amputaciones, condiciones que pueden alterar la función motora, cognitiva, sensorial y emocional y comprometer actividades como caminar, comunicarse, trabajar o cuidar de los hijos.

“No se trata solamente de rehabilitar una función; se trata de acompañar a la persona para que vuelva a construir un proyecto de vida posible, significativo y acorde con sus expectativas”, explicó Betsy Jaramillo, coordinadora clínica de Mobility Group.

Después del terremoto, la segunda emergencia: salud mental y discapacidad. (Imagen de referencia). Foto: ADOBE STOCK

En la etapa posterior a la emergencia, la rehabilitación debe considerar las actividades que cada persona desea retomar, los roles que quiere recuperar y las barreras que necesita superar para volver a participar en su entorno.

Para ello, Mobility Group plantea un modelo interdisciplinario y transdisciplinario en el que fisiatras, neurorrehabilitadores, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, neuropsicólogos, fonoaudiólogos y psicólogos trabajan alrededor de la persona y su familia. A este proceso se suman herramientas como la robótica, los exoesqueletos, la realidad virtual, la biónica, las tecnologías de asistencia y la inteligencia artificial.

“La tecnología no sustituye el vínculo humano. Lo fortalece cuando se pone al servicio de la persona”, afirmó Jaramillo.

El proceso también involucra a las familias, debido a que los cambios en la condición de salud de uno de sus integrantes pueden modificar los roles y las dinámicas del hogar. Los cuidadores pueden asumir nuevas tareas mientras las actividades laborales y educativas se interrumpen.

Por ello, la rehabilitación posterior a un desastre también requiere fortalecer las redes de apoyo, reducir la dependencia evitable y garantizar la continuidad de los servicios. La reconstrucción, además de viviendas, carreteras, hospitales y escuelas, implica recuperar capacidades, autonomía y oportunidades.

“Humanizar es reconocer que detrás de cada diagnóstico existe una persona que siente, decide, espera y tiene derecho a seguir construyendo su proyecto de vida”, concluyó Jaramillo.