Colombia volvió a evaluar su salud mental después de una década. La Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM) 2025, realizada por el Ministerio de Salud y Protección Social y la Universidad de Antioquia, reunió 110.842 encuestas en los 32 departamentos.
El estudio señala que el 91,4 % de las personas considera favorable su salud mental, mientras que el 8,6 % de la población de siete años o más manifestó haber recibido alguna vez un diagnóstico de trastorno mental por parte de un profesional de la salud.
Para Diego Salazar Rivera, psicólogo y estudioso del comportamiento humano, las cifras plantean una diferencia entre el funcionamiento cotidiano y el bienestar emocional.
“Hemos aprendido a asociar estar bien con seguir funcionando: levantarnos, trabajar, cumplir metas y responder por nuestras obligaciones. Pero ser funcional no significa necesariamente estar bien emocionalmente. Una persona puede cumplir todos sus indicadores mientras su salud mental se deteriora silenciosamente”, explica Diego Salazar, también conocido como el Señor D.
El acceso a atención especializada también presenta dificultades. De cada 100 personas con un diagnóstico previo, 41 buscaron atención durante el último año y cerca de 34 lograron recibirla. La espera promedio fue de 22,3 días para psicoterapia por psicología y de 28,4 días para psiquiatría. Además, el 24,1 % de quienes consumieron medicamentos tuvo que asumir gastos de bolsillo para obtenerlos.
La situación también tiene efectos económicos. En Colombia, el Consejo Colombiano de Seguridad estimó que las pérdidas de productividad asociadas a muertes por trastornos mentales y del comportamiento y lesiones autoinfligidas intencionalmente alcanzaron US$13.800 millones en 2024, equivalentes al 3,3 % del PIB nacional de ese año.
“Durante años hablamos de productividad como si las personas pudieran separarse de sus emociones al entrar a trabajar. No ocurre así. La ansiedad, el agotamiento y los problemas personales llegan con nosotros a la oficina, a la fábrica o al campo. Cuidar la salud mental no es solamente un asunto humano; también tiene consecuencias para las organizaciones, las familias y la economía”, señala el Señor D.
La brecha también se observa entre zonas rurales y urbanas. Entre las personas con un diagnóstico previo, el 31,8 % de quienes vivían en zonas rurales buscó atención durante el último año, frente al 42,4 % en zonas urbanas.
Salazar también relató su experiencia familiar: “Mi abuelo era cafetero y nunca acudió a un profesional de salud mental. Murió en su vejez cargando sufrimientos que nunca fueron atendidos. Mi padre tampoco recibió acompañamiento oportuno y terminó sus días con un tratamiento psiquiátrico intensivo. Hoy soy psicólogo y entiendo que pedir ayuda a tiempo puede cambiar el rumbo de una vida”.
El especialista señaló que las empresas también tienen un papel en la atención de la salud mental.
“Una organización que realmente protege la salud mental revisa cargas y horarios, identifica riesgos psicosociales, prepara a sus líderes para reconocer señales de alerta y facilita el acceso a ayuda profesional. El verdadero valor de la salud mental está en cuidar a la persona antes de que ella, su familia, la empresa y finalmente el país terminen pagando la cuenta”, concluye el Señor D.