David Tamayo, director de la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgo de Desastres (UNGRD), habló con El Debate, de SEMANA. Lo hizo en el marco de la tragedia nacional por cuenta del terremoto en Colombia del 10 de agosto de 2026.

Tamayo Roldán es ingeniero geólogo de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en Gestión del Riesgo de Desastres de la Universidad de Antioquia. Cuenta con más de 33 años de experiencia profesional en evaluación de amenazas geológicas, análisis de vulnerabilidades, gestión territorial y formulación de instrumentos para la reducción del riesgo.

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A lo largo de su trayectoria ha trabajado en entidades como el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres de Antioquia (Dagran) y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, donde ha participado en procesos relacionados con el conocimiento y la reducción del riesgo y la planificación territorial.

En 2021 hizo parte de la Unidad Municipal de Gestión del Riesgo de Sabaneta (UMGRD), donde participó en proyectos de prevención, respuesta y manejo de situaciones de emergencia. Su llegada a la UNGRD se da en un momento de alta exigencia para la gestión del riesgo en el país. La primera responsabilidad de la nueva dirección será atender la emergencia ocasionada por el terremoto de magnitud 7.4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó.

En diálogo con El Debate, de SEMANA, Tamayo fue consultado por su explicación de lo ocurrido. “El impacto que genera un terremoto no solo depende de la energía que libera, sino de la profundidad a la que se produce. Entonces, por ejemplo, el terremoto del Eje Cafetero (1999) tuvo una magnitud de 6.4, pero se produjo a menos de 20 kilómetros de profundidad. Entonces, fue un sismo de menor magnitud, de hecho menor magnitud que este, pero mucho más superficial, y al ser más superficial el impacto fue supremamente grande sobre algunas ciudades del Eje Cafetero, pero con menos área de expansión. Este sismo, que es de 7.4, fue mayor en intensidad y siendo más profundo produjo una gran devastación en una zona mucho más amplia. Es muy difícil hacer comparaciones absolutas entre un sismo y otro porque no solo depende de la magnitud, el impacto que tenga el sismo, sino de muchas otras variables que intervienen en eso”.

En cuanto a la sensación de la gente, en el sentido de que el terremoto duró mucho, Tamayo explicó: “Porque la liberación de energía fue tan fuerte que la onda expansiva, la propagación de una onda expansiva desde el interior de la Tierra hacia la superficie, y las ondas se propagan por frentes, ¿cierto? El sismo duró mucho porque la liberación de la energía fue tan grande que tuvimos varios varias ondas que fueron llegando a medida que se fueron produciendo, y eso hace que el sismo tenga una mayor duración".

“Yo estaba en mi casa en ese momento cuando empezó el sismo, y una de las cosas que noté, por ejemplo, no solo es que fue muy larga duración, sino que las ondas fueron llegando y generando pulsaciones cada 15, cada 30 segundos. O sea, a mí se me hizo eterno el tiempo realmente y creí que la casa se me iba a caer”, agregó.

“Yo vivo en una zona rural en medio del bosque en el sur del Valle de Aburrá, Medellín, donde afortunadamente el sismo no generó mucha destrucción, pero se sintió muy fuerte. Y yo veía que llegaba un pulso, llegó el primer pulso, el primer sacudón fue supremamente fuerte, y yo vi que la casa resistió, pero cuando llegó el segundo, llegó el tercero, llegó el cuarto, yo dije, ‘bueno, si esto sigue así, va a colapsar la casa’. Yo me imagino en las zonas urbanas donde las edificaciones están más cerca unas de otras, en zonas donde están mucho más cerca del epicentro, el remezón debe haber sido mucho más intenso, mucho más duro, y obviamente eso se le hace a uno eterno”, agregó Tamayo.

“El sismo realmente fue muy largo, y fue un sismo con unas particularidades muy interesantes, todas debidas primero a la zona donde se produjo, que es una zona de interacción entre dos placas que genera grandes cantidades de energía acumulada, y segundo a que en la liberación súbita de esa energía fue tan grande que produjo un evento de larga duración”, agregó.

“Llegó una onda, llegó otra onda, llegó otra onda, hasta que la las ondas que se van atenuando en su energía porque ya se ha liberado la mayor parte de la energía, se dejan de sentir. También hay una particularidad importante en este sismo y es que muchas veces la mayoría de los sismos de gran magnitud vienen acompañados por réplicas que van que que no posiblemente no tengan la misma magnitud, pero están cercanas. Este sismo no fue el caso. Se produjo esa liberación e inmediatamente no siguieron unas réplicas”, explicó.

“Digamos que las que se han sentido en estos días han sido sismos menores que no están relacionados con el mismo epicentro, que no se pueden catalogar todavía como réplicas del sismo principal, por lo menos así lo ha considerado hasta este momento los expertos, pero la liberación fue tan de energía fue tan súbita y y tan concentrada que este sismo prácticamente no generó réplicas, gracias a Dios, porque si las hubiera generado todas estas estructuras que quedaron en tan mal estado se hubieran acabado de venir al piso y posiblemente eso nos hubiera elevado la cifra de muertos”, puntualizó.