La historia del Gimnasio Fontana comenzó en septiembre de 1986, cuando sus fundadores decidieron abrir las puertas de un colegio en una casa de Bogotá con apenas 25 estudiantes de preescolar. En aquellos primeros años, la promoción de la institución tenía un carácter familiar: Natalia Zuleta Triana, junto con sus dos hermanas, ayudaba a repartir volantes en la calle 19 para dar a conocer el proyecto educativo de sus padres.

Casi cuatro décadas después, aquella iniciativa se convirtió en una institución educativa que acompaña a sus estudiantes desde preescolar hasta grado once y que entiende el colegio como un espacio de encuentro para toda la comunidad.

Para Natalia Zuleta Triana, presidenta de la Junta Directiva y directora de Estrategia y Desarrollo Corporativo del Gimnasio Fontana, el propósito de la institución ha estado ligado desde sus comienzos a la posibilidad de que cada persona encuentre su camino y desarrolle su potencial.

“Es una empresa dedicada a la educación de pre kinder a once, pero es un espacio en donde las familias, los profesores, los colaboradores y desde luego, nuestros estudiantes han logrado construir un espacio donde encuentran su propósito, desarrollan su mejor versión y crecen siendo felices”, afirma Zuleta.

Ese enfoque se refleja en una propuesta educativa que pone en el centro a los estudiantes y su bienestar, pero que también concibe a la comunidad como un organismo que aprende y evoluciona de manera conjunta. Uno de los pilares de este modelo es What If, una metodología propia que busca fortalecer el pensamiento crítico y creativo, la capacidad de resolver desafíos y la conexión entre el propósito individual y su materialización en la realidad.

A lo largo de su historia, el Gimnasio Fontana también ha entendido los espacios físicos como parte del proceso educativo. Uno de los momentos que Zuleta recuerda especialmente es la construcción de la sede propia en Guaymaral, proyecto para el cual sus padres convocaron al arquitecto Rogelio Salmona. La intención era crear un lugar pensado para que los niños fueran felices y encontraran en su entorno otra herramienta de aprendizaje.

Para la institución, la arquitectura funciona como un “tercer maestro”: un elemento que contribuye a que los estudiantes se relacionen con el entorno y desarrollen una mirada estética sobre la realidad.

En un contexto educativo marcado por transformaciones sociales y tecnológicas, uno de los principales retos que identifica Zuleta es la necesidad de adaptar los modelos de enseñanza a las nuevas necesidades de los estudiantes y, al mismo tiempo, acompañar a las familias en los procesos de formación.

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Esta mirada hacia la evolución de la educación también está presente en el futuro que proyecta para el Gimnasio Fontana. La institución busca trascender su papel tradicional como colegio y convertirse en un espacio de encuentro para la ciudad. En esa dirección, recientemente abrió Aluna, un centro cultural y deportivo con capacidad para 1.000 personas, concebido como escenario para la cultura, el arte y el deporte.

“Considero que las personas necesitamos cada vez más lugares de encuentro, de compartir nuestra humanidad, de tener escenarios de expresión y creo que el colegio es un lugar que siempre ha buscado impactar a la ciudad y al país positivamente”, sostiene la presidenta de la Junta Directiva.

De esta manera, el Gimnasio Fontana proyecta su siguiente etapa a partir de una idea que ha acompañado su historia: educar no solo para responder a las necesidades del presente, sino para formar personas capaces de encontrar su propósito, relacionarse con los demás y contribuir a la construcción de una sociedad mejor.