Hasta hace unas décadas, hablar de caña en Colombia era hablar sólo de azúcar. Sin embargo, a partir de este cultivo se empezaron a producir otros productos como energía verde, alcohol carburante, mieles, abonos y diferentes productos que han transformado una industria centenaria que hoy no solo representa cerca del 0,6 % del PIB del país, sino que también mueve más de 285 mil empleos en el país según Asocaña y el desarrollo de las regiones donde opera.

El sector cañero colombiano logra un hito en sostenibilidad internacional

Con una historia de 108 años, Riopaila Castilla ha sido una de las grandes protagonistas de esta transformación. Además de producir azúcar para un equivalente de 15 millones de hogares, la compañía genera etanol para más de 360.000 vehículos al año, energía para más de 110.000 familias colombianas y abastece el 100 % de sus necesidades de energía a través del bagazo de caña, un residuo que además tiene muchos otros usos en distintas industrias.

Riopaila Castilla avanza en el desarrollo de la altillanura colombiana donde produce alimentos como aceite de palma, torta de palmiste, almendra, marañón y crías ganaderas e incluso, explora otros subproductos. Foto: Riopaila Castilla / API

Guillermo Carvajal, gerente de Asuntos Corporativos de Riopaila Castilla, manifestó que hace unos años tomaron la decisión de diversificar en negocios. Esta estrategia les ha permitido generar nuevas fuentes de ingresos.

Por ejemplo, Riopaila Castilla avanza en el desarrollo de la altillanura colombiana donde produce alimentos como aceite de palma, torta de palmiste, almendra, marañón y crías ganaderas e incluso, explora otros subproductos.

En estos campos existen oportunidades, pero también es necesario realizar inversiones que permitan desarrollar estos productos.

El directivo agregó que, con mayor seguridad en los territorios, un mejor ambiente para los negocios en el país, condiciones jurídicas estables y líneas flexibles de crédito, es posible impulsar el desarrollo del campo a través de la inversión extranjera y de los propios empresarios colombianos, que podrían destinar nuevos recursos a ampliar sus operaciones y desarrollar nuevos proyectos en la altillanura colombiana.

“Con un empujón y un ambiente positivo se pueden materializar muchas de estas oportunidades. Necesitamos que el país vuelva a ser atractivo para la inversión extranjera y que existan las condiciones para incursionar, por ejemplo, en nuevas energías, avanzar en una transición energética bien estructurada y desarrollar una serie de oportunidades que están ahí, pero que no se han podido materializar por falta de voluntad, organización y, sobre todo, confianza”, señaló Carvajal.

Un campo más atractivo para los jóvenes

Uno de los grandes retos que enfrenta el agro colombiano en la mayoría de sus cultivos es la permanencia de los jóvenes en el campo. Por eso, diferentes industrias, incluida la caña de azúcar, han venido generando oportunidades para hacerlo cada vez más atractivo frente a la ciudad.

El agro en Colombia tiene grandes oportunidades. Foto: Riopaila Castilla / API

Para Carvajal, el agro colombiano tiene “oportunidades espectaculares” relacionadas no solo con la calidad de vida y con el hecho de producir alimentos para la población mundial, sino también con la tecnología, que viene avanzando rápidamente y permite automatizar procesos, aprovechar mejor la información y hacer más eficiente el trabajo.

Esto también representa una oportunidad para que los jóvenes se formen, incorporen estas nuevas herramientas y contribuyan a impulsar un campo cada vez más eficiente y tecnificado. A esto se suma otro de los grandes retos del sector: un campo cada vez con menos espacio por el rápido crecimiento de las ciudades.

“Este es un reto enorme en materia de productividad, ya que hay que hacer más con menos y la única forma de lograrlo es con tecnología, que no significa únicamente máquinas, sino también variedades más productivas y el uso de mejores prácticas de producción”, subraya Carvajal.

Por otra parte, existe el desafío climático. Antes, los fenómenos ocurrían cada 15 ó 20 años, pero ahora se pueden presentar varios en un mismo año, lo cual obliga al sector a fortalecer su capacidad de reacción y concentrarse en aquellos factores que sí puede gestionar.

Riopaila Castilla está implementando mejores prácticas de producción. Foto: Riopaila Castilla / API

Para Riopaila Castilla, esto ha significado consolidar una estructura operativa lo más costo-eficiente posible y realizar inversiones que le permitan responder rápidamente ante cambios en las condiciones climáticas.

Por ejemplo, inversiones en sistemas de riego, agricultura de precisión, mapas y análisis de datos que permiten identificar anticipadamente dónde existen mejores condiciones para realizar estas labores.

Sostenibilidad ambiental y económica

Para el gerente de Asuntos Corporativos de Riopaila Castilla, la sostenibilidad, además de considerar los aspectos ambiental y social, también debe entenderse bajo el impacto económico que genera en la empresa en su triple cuenta.

Riopaila Castilla usa tecnología para hacer "más con menores". Foto: Riopaila Castilla / API

Es decir, se debe poder identificar qué impacto financiero representa una reducción de las emisiones, un menor uso del agua o una energía más limpia y cuanto de eso significa mayores ingresos o menores costos para la compañía en términos de eficiencia operativa.

Esto no solo genera una mayor rentabilidad para la empresa en el corto plazo, sino que permite apalancar proyectos en los territorios donde tiene operación y contribuir a que sean sostenibles en el mediano y largo plazo, algo que hace parte central de la apuesta estratégica de la compañía con miras al 2030.