Uno de los principales indicadores del impacto del cambio climático en el planeta es el Glaciar Thwaites. Mientras los científicos intentan comprender las causas de su acelerado deshielo, surge una propuesta tan innovadora como polémica.

Aunque la idea parece sacada de la ciencia ficción, el riesgo es concreto. El retroceso de este glaciar ya contribuye al aumento del nivel del mar y, si su deterioro se acelera, podría generar efectos significativos en zonas costeras y puertos de todo el mundo.

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El Glaciar Thwaites, también conocido como “Glaciar del Juicio Final”, destaca por su enorme tamaño, con una extensión cercana a los 120 kilómetros de ancho y una cuenca de drenaje comparable a la de Gran Bretaña.

Su relevancia no es menor: la pérdida de hielo que registra actualmente ya contribuye de forma significativa al aumento global del nivel del mar, representando cerca del 4% del total, según los programas científicos que monitorean su evolución.

Lo que más preocupa a la comunidad científica es el escenario de un posible colapso total. Foto: Ilustración creada con la IA de Bing Image Creator

Sin embargo, lo que más preocupa a la comunidad científica es el escenario de un posible colapso total. De producirse, el nivel medio del mar podría elevarse alrededor de 65 centímetros, con consecuencias directas en múltiples regiones costeras. Además, este evento podría desestabilizar otros glaciares cercanos en la Antártida Occidental, amplificando aún más el impacto a escala global.

El problema que enfrenta el Glaciar Thwaites no se origina únicamente en el aumento de la temperatura del aire. Gran parte de la amenaza proviene del océano, donde corrientes de agua relativamente cálida y densa logran filtrarse por canales submarinos hasta alcanzar la base del hielo, especialmente en zonas críticas como la línea de apoyo, debilitando su estructura desde abajo.

Esta iniciativa se suma a estudios recientes que refuerzan una conclusión clave. Foto: Getty Images

Ante este panorama, a finales de enero de 2026 el British Antarctic Survey y el Korea Polar Research Institute pusieron en marcha una misión para perforar cerca de 1.000 metros de hielo utilizando agua caliente e instalar sensores que permitan medir corrientes y temperatura.

Esta iniciativa se suma a estudios recientes que refuerzan una conclusión clave: el calentamiento del océano es el principal impulsor del retroceso del hielo en la región, evidenciando que, a mayor temperatura del mar, mayor es el deterioro del glaciar.

En la Antártida, los glaciares son enormes y su descongelamiento prematuro traería una catástrofe mundial Foto: Getty Images / David Merron Photography

El plan extremo para evitar desbordes en el mar

La iniciativa, desarrollada en un estudio publicado en PNAS Nexus, plantea una solución poco convencional: una especie de barrera submarina que funcionaría como una “cortina” de gran escala.

No se trataría de un muro rígido, sino de una estructura flexible fabricada con materiales técnicos reforzados, diseñada para fijarse al lecho marino y redirigir el flujo de agua cálida antes de que alcance la base del hielo en el Glaciar Thwaites.

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De acuerdo con el proyecto, esta cortina tendría dimensiones considerables, con cerca de 80 kilómetros de extensión y unos 150 metros de altura, instalada en zonas profundas del océano frente al glaciar. Su propósito principal sería reducir el contacto del agua cálida con las áreas más frágiles del hielo, con la intención de ralentizar su deterioro y pérdida de masa.

Por ahora, la propuesta se encuentra en una etapa inicial y contempla un desarrollo por fases. El plan incluye varios años de investigación para perfeccionar la tecnología y realizar pruebas en entornos controlados, como fiordos en Noruega, además de recopilar datos sobre corrientes marinas en la región del mar de Amundsen.