La presencia de animales es uno de los pilares de la biodiversidad y de la riqueza natural del planeta. Las especies habitan prácticamente todos los ecosistemas, desde las profundidades de los océanos hasta las montañas más altas, pasando por bosques, desiertos, ríos, lagos y humedales. Cada una cumple una función específica que contribuye al equilibrio de la naturaleza.

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Entre esa enorme variedad destaca el pez dorado (Carassius auratus), una especie originaria de Asia que fue domesticada hace más de mil años. Aunque suele asociarse con su característico color anaranjado, también existen ejemplares blancos, negros, rojos, amarillos y con combinaciones de varios tonos.

Su apariencia llamativa y su comportamiento tranquilo lo han convertido en una de las mascotas acuáticas más populares del mundo. Sin embargo, especialistas advierten sobre una práctica que puede tener graves consecuencias ambientales: liberarlo en lagos, ríos o estanques cuando ya no se desea mantener en un acuario.

Esta preocupación fue respaldada por un estudio publicado el 27 de abril de 2026, titulado Los peces dorados invasores provocan un cambio de régimen en ecosistemas lacustres experimentales de diferente estado trófico. La investigación señala que, aunque esta especie también se utiliza en algunos estanques para controlar algas y en varias culturas simboliza prosperidad y buena suerte, su liberación en ambientes naturales ha favorecido su expansión como especie invasora.

Los expertos advierten que, pese al creciente número de registros sobre su presencia, todavía existe poca información sobre el alcance de sus efectos en los ecosistemas de agua dulce, lo que dificulta el diseño de estrategias eficaces para controlar su propagación.

Durante décadas, el pez dorado ha sido una de las mascotas acuáticas preferidas por millones de personas. Foto: Getty Images

Las especies invasoras figuran entre las principales amenazas para la biodiversidad porque pueden provocar alteraciones difíciles o incluso imposibles de revertir. Uno de los factores que más impulsa su expansión es el comercio de mascotas, ya que muchas personas liberan animales ornamentales en la naturaleza creyendo que les ofrecen una mejor oportunidad de supervivencia.

Sin embargo, esta decisión puede alterar las cadenas alimenticias, favorecer la propagación de enfermedades y modificar el funcionamiento de los ecosistemas.

La evidencia científica indica que el pez dorado es una de las especies invasoras de mayor riesgo para los ecosistemas de agua dulce. Su forma de alimentarse remueve los sedimentos del fondo, aumenta la turbidez del agua y altera el equilibrio natural de lagos y estanques.

El error que muchos cometen con el pez dorado y que amenaza la biodiversidad. Foto: Getty Images/iStockphoto

Su presencia también modifica las redes tróficas al reducir la diversidad de plantas acuáticas, zooplancton y macroinvertebrados, mientras favorece el crecimiento del fitoplancton y la acumulación de nutrientes. Como consecuencia, la calidad del agua disminuye y los ecosistemas se vuelven más simples y menos diversos. Aunque la mayoría de los estudios se han realizado en estanques de pequeño tamaño, la especie también ha sido detectada en grandes lagos, donde sus impactos aún continúan siendo objeto de análisis.

Los científicos también encontraron que los efectos del pez dorado dependen de la cantidad de nutrientes presentes en el agua.