Un equipo de investigadores de la Universidad de Cantabria, en España, estudia la forma de caminar de las tortugas para comprender mejor las huellas que dejaron animales extintos hace millones de años. El objetivo es identificar qué información puede obtenerse de estos rastros y cómo reconstruir, a partir de ellos, algunos aspectos de la locomoción de especies del pasado.

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El proyecto, dirigido por Ignacio Díaz Martínez y desarrollado en colaboración con el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, comenzó con cuatro tortugas de espuelas africanas, consideradas entre las más grandes del mundo. Estos reptiles pueden superar los 50 kilos de peso y, por sus características, permiten analizar la relación entre el movimiento de sus patas y las marcas que dejan sobre el suelo.

Durante octubre, los científicos hicieron pruebas para medir la presión que ejercen las extremidades de estos animales al caminar. Para ello, utilizaron una plataforma equipada con sensores que registra los puntos de apoyo, la distancia entre las patas y la secuencia de los movimientos.

La investigación se basa en el principio del actualismo, un método que permite estudiar el pasado a partir de procesos que pueden observarse en el presente. En este caso, el comportamiento de las tortugas actuales sirve como referencia para interpretar rastros fósiles y explorar cómo pudieron desplazarse otros animales hace millones de años.

Imagen de referencia de tortuga junto con una mariposa. Foto: Getty Images

“Nosotros somos paleontólogos, pero utilizamos el principio del actualismo para saber más de las huellas del pasado”, explicó el investigador.

En el equipo también participan Juan Remondo, Antonio Barreda, Pablo Cruz y Paolo Citton, además de especialistas en ingeniería mecánica de la misma universidad. Los ensayos cuentan con el apoyo de Antonio Moro, conservador de reptiles del parque, y de su director, Míchel Valdés.

Una plataforma fue clave para estudiar cada pisada

Uno de los principales instrumentos del proyecto es la plataforma de presión Trescan Strideway, un equipo utilizado habitualmente en campos como la podología, la traumatología y la fisioterapia para analizar la marcha humana.

El dispositivo empleado en las pruebas tiene una longitud de 2,5 metros y una superficie de medición de aproximadamente 1,80 metros. Sus sensores detectan la presión que ejerce cada pata y los puntos en los que entra en contacto con el suelo. Después, los datos se convierten en imágenes digitales que facilitan el estudio de los movimientos.

La información obtenida permitirá establecer comparaciones entre la manera de caminar de las tortugas y los rastros conservados en las rocas. El interés de esta relación se remonta a unos 250 millones de años atrás, durante el final del período Pérmico, cuando ya existían animales cuyos desplazamientos podrían estudiarse mediante referencias obtenidas de especies actuales.

Tortuga caminando por el pasto. Foto: Getty Images

La siguiente fase del estudio consistirá en reproducir algunas de las condiciones en las que se forman las pisadas. Para conseguirlo, los investigadores colocarán una capa de sedimento de unos dos centímetros sobre la plataforma de medición y observarán las marcas que dejan las tortugas al desplazarse sobre ese material.

Así podrán contrastar los registros de presión con las huellas impresas en el sedimento y determinar qué relación existe entre el movimiento de las extremidades y la forma final de cada marca.

El análisis también permitirá estudiar los factores que pueden alterar el rastro. Además de la forma de caminar y el peso del animal, aspectos como la posición de las patas, la humedad y el grosor del sedimento pueden influir en la huella resultante.