Durante años, la comunidad científica ha vigilado con preocupación la Circulación Meridional del Atlántico (AMOC), una gigantesca red de corrientes que funciona como una “cinta transportadora” de calor y agua por todo el océano. El temor principal era que el agua dulce proveniente del deshielo de Groenlandia pudiera “apagar” este motor, provocando un cambio climático repentino y catastrófico.

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Sin embargo, un nuevo estudio basado en modelos climáticos de última generación sugiere que, aunque el impacto es real, el sistema es más resistente de lo que se pensaba.

Un proceso gradual, no un colapso repentino

La investigación publicada en Science revela que si bien el deshielo groenlandés debilita la corriente, este efecto no ocurre de golpe. Los científicos descubrieron que la AMOC se va ralentizando de forma proporcional al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y al calentamiento global.

Según la investigación, “el agua de deshielo de Groenlandia exacerba significativamente el futuro debilitamiento de la AMOC, especialmente después de 2100”.

El estudio indica que la AMOC perderá fuerza con el calentamiento global, aunque sin colapsar de golpe. Foto: Getty Images

A pesar de este debilitamiento adicional, el estudio trae una nota de calma sobre los temores de un “punto de no retorno” (un umbral crítico que, una vez cruzado, cambia el sistema de forma permanente). Los expertos indican que “los cambios de la AMOC hasta 2300 no son ni abruptos ni irreversibles en escalas de tiempo centenarias, incluso con el agua de deshielo añadida”. Esto significa que no se espera una parada súbita de la corriente en este siglo.

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Para entender la magnitud, el estudio estima que para finales de este siglo, el aporte extra de agua dulce de Groenlandia restará entre un 10% y un 20% de fuerza a la corriente en comparación con lo que ya se debilita por el calentamiento de la atmósfera. Mirando más a largo plazo, si las emisiones continúan siendo muy altas, “el agua de deshielo de Groenlandia induce un debilitamiento adicional de la AMOC (...) de hasta un 40% a finales del siglo XXIII”.

El estudio advierte que el deshielo reducirá aún más la fuerza de la AMOC durante los próximos siglos. Foto: Getty Images

Un detalle técnico que explica el estudio es que la fuente de estas corrientes se está desplazando. Normalmente, el agua se enfría y se hunde en regiones específicas para alimentar la circulación, pero ahora se observa un “fuerte cambio hacia el norte de las regiones fuente de la AMOC en respuesta al calentamiento global”. En concreto, el Océano Ártico está asumiendo un papel protagonista como mediador entre el deshielo y la corriente.

¿Es posible dar marcha atrás?

Una de las preguntas más importantes era si en caso de frenar el calentamiento, la corriente podría recuperar su fuerza original. La noticia es que la respuesta del modelo utilizado es optimista: el sistema muestra capacidad de recuperación. Los experimentos indican que, si se lograran revertir los niveles de CO2, la corriente podría volver a estabilizarse en unas pocas décadas.

En resumen, aunque incluir el deshielo de Groenlandia en los cálculos es vital para que las predicciones sean exactas, los hallazgos “no sugieren un papel importante del agua de deshielo de Groenlandia para evaluar el riesgo de un futuro vuelco de la AMOC”. La ciencia ahora tiene una imagen más clara: el motor del Atlántico está perdiendo potencia de forma constante, pero aún no estamos ante una avería total e irreversible.