El paso del cometa interestelar 3I/ATLAS ha permitido a la ciencia chilena obtener un registro sin precedentes de un viajero proveniente de otro sistema solar. A diferencia de otros visitantes anteriores, este objeto fue analizado con un nivel de detalle que permitió observar sus transformaciones internas a medida que sentía el calor del Sol.
Una película de la metamorfosis cometaria
Tradicionalmente, los astrónomos capturan momentos aislados de los objetos espaciales, pero en esta ocasión, el equipo del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) logró algo superior. Durante un periodo de 23 noches, registraron la evolución del cuerpo, lo que permitió entender cómo sus capas de hielo se evaporaban de forma secuencial.
Sobre esta observación continua, Thomas Puzia, investigador del CATA, puntualizó: “La verdadera diferencia frente a los objetos interestelares anteriores es que no obtuvimos una foto, sino una película”. El experto añadió que este monitoreo permitió ver “una coma inicialmente rica en CO2 que fue cediendo protagonismo al agua a medida que el cuerpo se acercaba al Sol”. La “coma” es esa nube brillante de gas y polvo que rodea al núcleo del cometa cuando este se calienta.
Composición química de mundos distantes
El análisis de la luz emitida por el cometa reveló la presencia de metales como hierro y níquel, además de fragmentos de carbono. Estas sustancias no son desconocidas en los cometas de nuestro propio sistema, pero lo que realmente asombró a los investigadores fue la cantidad y la forma en que estaban distribuidas, lo que sugiere que este objeto nació en un entorno extremadamente gélido fuera de nuestra frontera planetaria.
Juan Pablo Carvajal, especialista en el área, explicó que la importancia reside en la mezcla detectada: “Estas especies no son inusuales en los cometas; lo llamativo es la proporción en que aparecen. Las observaciones apuntan a que 3I/ATLAS se formó en regiones particularmente frías de su sistema planetario natal”.
Superando los obstáculos de la atmósfera terrestre
Uno de los mayores desafíos para estudiar este tipo de objetos desde la Tierra es que la atmósfera contiene gases que bloquean la visión de los telescopios, como el oxígeno y el agua. Para sortear esto, los científicos se enfocaron en las emisiones de oxígeno del cometa, que actúan como un rastro indirecto para calcular cuánto dióxido de carbono y agua está soltando el cuerpo celeste.
Baltasar Luco, quien participó en el estudio, señaló que “el oxígeno actúa como una ventana hacia algunos de los ingredientes más esquivos de la química cometaria”. Gracias a la gran precisión de los instrumentos ubicados en el norte de Chile, fue posible separar la luz del cometa de la interferencia de nuestro propio aire.
Herramientas para el futuro de la exploración
Más allá de los datos obtenidos, la investigación ha dejado un legado técnico llamado CometSpec, una herramienta de programación diseñada para que astrónomos de todo el mundo puedan calcular con facilidad cuánto material está expulsando un cometa simplemente analizando su luz.
Este avance prepara el camino para cuando el próximo visitante interestelar, posiblemente denominado 4I, cruce nuestro sistema. Al respecto, el experto Prasanta Kumar Nayak concluyó que “3I/ATLAS no es solo una historia en sí misma: también nos enseñó cómo prepararnos para el próximo visitante”.