Un equipo internacional de científicos ha captado imágenes de la fotosfera solar —la superficie visible del Sol— con un nivel de detalle sin precedentes, revelando una estructura tan extraña como dinámica, detalla un estudio publicado este miércoles (05.08.2026) en la revista Nature.
Los investigadores lograron observar la abrasadora capa de nuestra estrella gracias al Telescopio Solar Daniel K. Inouye de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF, por sus siglas en inglés), ubicado en Maui (Hawái).
En un principio, las imágenes se tomaron para calibrar los instrumentos del telescopio. Sin embargo, al analizar los datos, los astrónomos descubrieron un paisaje solar inédito: un patrón de estructuras plumosas y pequeños remolinos que ondulaban los bordes de las zonas magnéticas.
Olas de plasma en la superficie solar
“Me recuerda a pinturas famosas, como los cielos arremolinados de ‘La noche estrellada’ de Van Gogh”, comentó Ruizhu Chen, física de la Universidad de Stanford, no vinculada al estudio.
Los autores aseguran que estas ondulaciones se deben a la inestabilidad de Kelvin-Helmholtz (KHI), un fenómeno físico bien conocido en la Tierra que ocurre cuando dos fluidos se deslizan uno junto al otro a diferentes velocidades, formando olas similares a las que el viento produce en el mar.
Los modelos coinciden con las observaciones
Aunque este proceso se ha observado en lagos terrestres y en las atmósferas de Júpiter o Saturno, “nunca se había detectado a ese nivel en la superficie solar”, señala el coautor del estudio Friedrich Wöger, del Observatorio Solar Nacional (NSO) de EE. UU., en un comunicado.
Las imágenes coincidieron de forma exacta con simulaciones informáticas: los vórtices se forman cuando la ebullición constante del Sol choca contra sus campos magnéticos, retorciendo sus líneas de fuerza como si se trenzara el cabello.
Un hallazgo que podría servir para las tormentas solares
Este hallazgo no solo ayuda a resolver el histórico enigma de cómo el Sol transporta energía para calentar su atmósfera exterior —la corona— hasta el millón de grados centígrados.
Al mismo tiempo, permite comprender el funcionamiento de estos vórtices como “motores” de energía magnética, lo cual resulta fundamental para predecir con mayor precisión las tormentas solares.
Cuando estas inciden sobre nuestro planeta, pueden desencadenar tormentas solares capaces de interferir en las comunicaciones por GPS y generar vistosas auroras polares.
“El descubrimiento de la inestabilidad de Kelvin-Helmholtz en la fotosfera solar, respaldado por el análisis de simulaciones numéricas, supone un gran paso adelante en nuestra comprensión de la dinámica y la evolución del plasma solar y estelar, y servirá de base para futuros descubrimientos”, concluye David Boboltz, subdirector del NSO.
*Con información de DW.