El pasado 5 de agosto de 2026, una sección descartada de un cohete Falcon 9 de SpaceX impactó contra la superficie de la Luna. El choque dejó una marca permanente que pudo ser estudiada gracias a las imágenes de la Nasa.
Un cráter que reveló material oculto
El impacto abrió una excavación circular de unos 18 metros de diámetro y menos de 3 metros de profundidad. La colisión también expulsó material que permanecía enterrado bajo la superficie lunar.
Las imágenes muestran franjas oscuras formadas por polvo y rocas de la capa superficial, alteradas durante millones de años por el viento solar, la radiación cósmica y los micrometeoritos. Parte de este material fue expulsado desde una profundidad cercana a medio metro.
Alrededor del cráter también aparecen zonas claras que corresponden a minerales más jóvenes y limpios, protegidos bajo la superficie y expuestos por primera vez al espacio.
La Nasa tuvo que esperar seis días
La fotografía más detallada fue obtenida por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), que orbita la Luna a unos 100 kilómetros de altura y se desplaza a cerca de 1,6 kilómetros por segundo.
Los ingenieros tuvieron que esperar seis días para que el cráter quedara en la posición adecuada. La precisión requerida fue extrema: un error de apenas 10 segundos en el momento de tomar la fotografía habría desplazado el objetivo más de 16 kilómetros.
Una predicción que acertó el lugar del impacto
La ubicación del cráter fue determinada mediante cálculos realizados a partir de la trayectoria del cohete. Astrónomos y científicos rastrearon su recorrido y, posteriormente, la Nasa refinó las predicciones.
Las coordenadas fueron compartidas con el equipo de la sonda surcoreana Danuri, que logró fotografiar primero el cráter y confirmó que el cálculo tenía un margen de error inferior a un kilómetro.
Con esa información, la Nasa pudo orientar el LRO con precisión y obtener las imágenes que permitieron analizar en detalle las huellas dejadas por el impacto.