El submarino alemán UC-30 se hundió en abril de 1917 en el mar del Norte tras chocar contra una mina. Tras hallarse el pecio —término utilizado para referirse a los restos de una nave que ha naufragado— en 2016, científicos liderados por Katrine Juul Andresen, profesora de Geociencia en la Universidad de Aarhus, examinaron la zona.

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El rastro alarmante de TNT

Andresen explicó cómo fue la recolección de muestras en el lugar: “El buceo civil no está permitido en los restos del naufragio, por lo que recibimos una gran ayuda de buzos de la marina. Tras recibir instrucciones, se sumergieron y recogieron muestras de sedimentos, agua y fauna marina en diversos puntos del naufragio y del lecho marino circundante (…) Los buzos también grabaron videos y tomaron fotografías, que posteriormente utilizamos para evaluar la exposición de las minas y el estado del pecio”.

El análisis de las muestras del UC-30 reveló rastros de TNT en distintas zonas del entorno marino. Foto: Leighton, John Langdon / Wikimedia Commons

El análisis detectó trinitrotolueno (conocido como TNT), un compuesto químico altamente nocivo y tóxico que se utiliza como explosivo en el armamento militar.

Andresen advirtió sobre este peligro en el ecosistema: “Encontramos rastros de TNT en la fauna marina, el lecho marino y la columna de agua. Sin duda, hay contaminación. La cuestión es cuán significativo es el impacto y hasta qué punto la contaminación afecta al medio marino desde el pecio. Probablemente se trate de una fuente de contaminación relativamente localizada, pero empeorará a medida que el pecio continúe deteriorándose y exponga más material explosivo en el interior de las minas”.

Un desafío ecológico masivo

El UC-30 no es un caso aislado. Tras realizar un informe de riesgos para la Agencia de Protección Ambiental danesa, la investigadora descubrió una enorme cantidad de naves sumergidas. “En el informe, descubrí que hay 10.127 naufragios en aguas danesas. Alrededor del 15 % de ellos datan de los años previos y durante las dos guerras mundiales… Eso es un número bastante alto”, señaló Andresen.

Remover estas municiones antiguas es sumamente complicado y costoso. Al comparar la situación con otros países, Andresen apuntó: “Los alemanes están más avanzados en este aspecto que nosotros en Dinamarca. A veces recuperan explosivos de los restos de los aviones y los neutralizan, pero hacerlo es muy costoso”.

Asimismo, alertó que una mala intervención bajo el agua puede empeorar el panorama: “Depende de la zona donde se encuentren los restos del naufragio y las municiones. Las corrientes y la morfología del lecho marino influyen mucho. En algunos casos, detonarlas puede ser más perjudicial que beneficioso”.

Retirar las municiones de antiguos naufragios es una tarea compleja y muy costosa. Foto: Getty Images

Ante este complejo escenario, la experta concluyó que “estamos tratando de identificar las soluciones más suaves al problema, ya que, lamentablemente, no existe una manera fácil de solucionarlo”, sugiriendo que, para aquellos navíos que están enterrados bajo la arena, el peligro de contaminación disminuye considerablemente.