Las redes sociales encontraron una nueva forma de viajar al pasado sin necesidad de desempolvar un álbum familiar. Una tendencia está llevando fotografías actuales a la estética de los años 80 mediante inteligencia artificial, con resultados que buscan hacer que cada persona parezca protagonista de un retrato de aquella época.
Una fotografía actual, pero con otra época
La idea es sencilla: se carga una fotografía del rostro y se utiliza una instrucción para que la inteligencia artificial conserve las facciones, pero cambie la apariencia, la ropa, el peinado y el ambiente hasta recrear una fotografía propia de aquella década.
Uno de los prompts para conseguir el efecto es: “Actúa como un fotógrafo experto de los años 80. Esta foto que subo de mi rostro quiero que generes un retrato hiperrealista basado en mis facciones pero transformándome por completo al estilo de 1985. Aplícame un peinado clásico de la época con mucho volumen, ropa vintage ochentera y si la escena lo permite, incorpora automóviles, calles, establecimientos y otros elementos característicos de los años 80, mantén mi esencia pero haz que parezca una foto real tomada en esa década”.
El resultado también se puede personalizar
El prompt no tiene que seguirse al pie de la letra. La instrucción puede modificarse para agregar detalles que se quieran ver en la imagen, desde el color o tipo de una chaqueta hasta un lugar específico que se quiera recrear.
También es posible indicar si se busca aparecer en una calle, frente a un establecimiento, junto a un automóvil de la época o en cualquier otro escenario inspirado en los años 80.
De esta manera, la fotografía no solo cambia el aspecto de la persona, sino que puede incorporar elementos concretos para construir una escena acorde con la imagen que se tenga en mente.
De una foto común a un recuerdo que nunca ocurrió
La popularidad del fenómeno muestra cómo las herramientas de generación de imágenes están pasando de crear escenas fantásticas a reconstruir momentos cotidianos que parecen pertenecer al pasado.
La diferencia es que esta vez cualquiera puede convertirse en el protagonista de una fotografía que parece antigua, aunque ese retrato jamás haya sido tomado.