Durante años, la comunidad científica ha intentado desafiar los límites de la longevidad con el objetivo de prolongar la vida humana. En ese contexto, un grupo de científicos rusos analizó hasta dónde podría extenderse la esperanza de vida en un escenario donde la medicina busca controlar casi todos los procesos asociados al envejecimiento.
De acuerdo con los resultados del estudio, que fueron publicados en la revista NPJ Ageing, incluso con futuros tratamientos antienvejecimiento altamente avanzados, la esperanza de vida tendría un límite cercano a los 200 años debido a factores biológicos que seguirían siendo inevitables.
La investigación se centró en determinar si era posible superar ese umbral eliminando todas las principales causas del envejecimiento, excepto las mutaciones somáticas, es decir, los cambios que se producen en el ADN de las células con el paso del tiempo.
Estas alteraciones se acumulan de forma progresiva durante la vida, ya sea por la división celular, el metabolismo o la exposición a factores ambientales, y los investigadores consideran que representan uno de los obstáculos más difíciles de evitar en el proceso de envejecimiento.
Además, el estudio también señala que las mutaciones somáticas surgen de manera natural a medida que las células se dividen, aunque también pueden ser consecuencia de procesos metabólicos y de la exposición a factores ambientales.
Según los investigadores, este tipo de alteraciones en el ADN constituye uno de los mecanismos del envejecimiento más complejos de combatir, incluso si en el futuro se desarrollan terapias médicas mucho más avanzadas.
En ese contexto, científicos del Instituto Skolkovo de Ciencia y Tecnología de Rusia plantearon un escenario en el que la medicina fuera capaz de revertir otros procesos asociados con el envejecimiento, como la inflamación crónica, la disfunción mitocondrial y la acumulación de células envejecidas.
“Desarrollamos un marco de modelado incremental que incorpora progresivamente factores que contribuyen al envejecimiento en un modelo de dinámica de supervivencia de la población, que utilizamos para estimar los límites de la esperanza de vida si se eliminaran todas las características distintivas del envejecimiento, excepto las mutaciones somáticas”, dice el estudio.
Los investigadores observaron que las mutaciones acumuladas en el ADN no afectan por igual a todos los órganos del cuerpo. Mientras que algunos tejidos cuentan con una mayor capacidad de regeneración, otros son mucho más sensibles al deterioro porque dependen de células que prácticamente no se reemplazan a lo largo de la vida. Esta diferencia hace que avance a ritmos distintos según el órgano.
El estudio destaca que el cerebro y el corazón figuran entre los más vulnerables, debido a que muchas de sus células esenciales son irremplazables y rara vez se dividen después del nacimiento. En contraste, el hígado mantiene una renovación constante de sus células, lo que le permite tolerar mejor el daño acumulado.
Al integrar estos comportamientos en un modelo que simuló el envejecimiento de varios órganos, los científicos estimaron que, si las mutaciones del ADN fueran el único factor limitante, la esperanza de vida promedio de los seres humanos podría situarse entre 146 y 194 años.
“Nuestros resultados sugieren que, incluso si se eliminaran todas las características del envejecimiento, excepto las mutaciones somáticas, la esperanza de vida humana media alcanzaría entre 146 y 194 años, aproximadamente el doble de los 79 años actuales”, señalan los resultados compartidos tras el estudio.