El cometa interestelar 3I/ATLAS, uno de los visitantes más intrigantes que ha llegado al Sistema Solar, sigue sorprendiendo a los astrónomos por su inusual composición química, con niveles de metanol mucho más altos que los registrados en cometas locales.

Este hallazgo, obtenido gracias a observaciones de telescopios y estudios de equipos internacionales, ha dado de qué hablar sobre cómo se forman y evolucionan los cuerpos celestes en otros sistemas estelares.

El cometa interestelar 3I/ATLAS es uno de los visitantes más intrigantes que ha llegado al Sistema Solar. Foto: Getty Images

Para los científicos, 3I/ATLAS representa una especie de cápsula del tiempo, transportando material primordial que permite estudiar la química y las condiciones físicas de regiones lejanas de la galaxia. Cada molécula detectada funciona como una “huella dactilar” de su lugar de origen, ofreciendo pistas únicas sobre los procesos que moldean los sistemas planetarios más allá del nuestro.

Este cometa pertenece a una categoría extremadamente rara de objetos interestelares que no orbitan el Sol, sino que provienen de sistemas estelares distantes. Estos cuerpos son expulsados de sus sistemas originales por complejas interacciones gravitatorias y pueden vagar por el espacio interestelar durante millones o incluso miles de millones de años antes de acercarse a otra estrella, como nuestro Sol.

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El hallazgo más destacado sobre 3I/ATLAS se logró gracias al Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) en Chile. Las observaciones permitieron a los investigadores detectar diversos compuestos liberados por el cometa, entre ellos el metanol, un alcohol orgánico sencillo pero clave para entender su química.

La presencia de metanol en cantidades inusuales indica que 3I/ATLAS se formó en una región rica en hielo y moléculas orgánicas, ofreciendo pistas sobre las condiciones químicas del sistema estelar donde nació.

Cometa 3I/ATLAS, el objeto que viene de fuera del sistema solar. Foto: NASA

En diciembre del 2025, 3I/ATLAS alcanzó su perihelio, situándose a aproximadamente 270 millones de kilómetros de la Tierra. Aunque esta distancia fue segura, permitió que los telescopios captaran con detalle su actividad.

Luego, al acercarse al Sol, el calor provocó la liberación de gases y polvo, formando la característica coma que facilitó a los astrónomos analizar su composición con precisión.

Aunque surgieron algunas teorías sobre un posible origen artificial, la comunidad científica está de acuerdo en que 3I/ATLAS es un cometa natural.