Durante mucho tiempo, el objeto 3I/ATLAS generó todo tipo de hipótesis y teorías en torno a su aparición. Desde su descubrimiento en julio de 2025, causó un gran revuelo no solo en la comunidad científica, sino también entre el público general, debido a ciertas características que ponían en duda su verdadero origen.
¿Se trataba de un cometa o de una nave alienígena? Esta fue una de las principales preguntas que impulsó múltiples investigaciones para comprender a fondo este objeto interestelar que se acercó de manera inesperada. Aunque su trayectoria no representaba un peligro para la Tierra ni existía riesgo de colisión, sí despertó interrogantes sobre la posibilidad de haber encontrado indicios de vida inteligente de otras civilizaciones.
Desde entonces, el objeto ha permanecido en el radar de los expertos, quienes continúan estudiándolo en busca de más pistas sobre su origen. Sin embargo, la aparición de un nuevo cometa ha reavivado estas dudas.
El cometa que científicos comparan con 3I/ATLAS
Se trata del cometa C/2024 E1 (Wierzchoś), cuyo tamaño es comparable al de una pequeña ciudad. Fue captado en imágenes en enero de este año, donde destaca por su característico brillo verde y una extensa cola. No obstante, su descubrimiento se remonta a 2024, cuando fue identificado en el Observatorio Mount Lemmon, en Arizona, mediante un telescopio de 1,5 metros.
Desde entonces, ha sido objeto de gran interés. Los especialistas prevén que, tras su paso cercano, será expulsado hacia el espacio interestelar, de forma similar a lo ocurrido con 3I/ATLAS, lo que refuerza la idea de que solo está de tránsito por esta región del cosmos.
Uno de los aspectos más llamativos es que estudios realizados con el Telescopio Espacial James Webb han permitido detectar altas concentraciones de dióxido de carbono en su coma, es decir, la nube de gas que rodea su núcleo. Este hallazgo es clave para comprender la composición original del objeto y aportar pistas sobre su procedencia.
De acuerdo con National Geographic, el pasado 17 de febrero el cometa alcanzó su mayor acercamiento a la Tierra, a unos 151 millones de kilómetros, una distancia comparable a la que separa nuestro planeta del Sol. Aunque no es visible a simple vista, puede observarse durante varias semanas con prismáticos o telescopios básicos, especialmente desde el hemisferio sur.
El característico color verde del cometa se debe a la presencia de compuestos de carbono que, al interactuar con la radiación solar, generan ese brillo inusual y llamativo. Al igual que 3I/ATLAS, el cometa C/2024 E1 probablemente seguirá una trayectoria sin retorno, vagando durante millones o incluso miles de millones de años por la galaxia.
En cuanto a su tamaño, se estima que podría tener un diámetro cercano a los 13,7 kilómetros, aunque esta cifra no es exacta. Asimismo, alcanzó su mayor brillo tras su aproximación al Sol el 20 de enero, cuando el calor liberó gases de su núcleo, formando una coma que reflejó la luz solar y aumentó su visibilidad desde la Tierra.