En las profundidades del Mediterráneo, frente a la costa francesa, la pinza de un robot submarino teledirigido (ROV) se cierra con delicadeza sobre una jarra de varios siglos de antigüedad que yace junto a un naufragio del siglo XVI.
“Hay que ser extremadamente preciso para no dañar el sitio, para no remover los sedimentos”, dice el oficial de marina Sebastien, quien por razones de seguridad no puede revelar su apellido.
A dos horas del viaje de la Riviera francesa, Sebastien supervisa la primera de varias misiones arqueológicas en el naufragio más profundo hallado en aguas territoriales francesas.
Un barco mercante del siglo XVI hallado por casualidad
Un sondeo rutinario del fondo marino realizado por el ejército descubrió por casualidad el barco mercante del siglo XVI el año pasado, en aguas frente a la costa de Ramatuelle, cerca de Saint-Tropez.
Los arqueólogos creen que la embarcación navegaba desde el norte de Italia cargada de cerámica y barras de metal cuando se hundió.
Ahora la Armada francesa y el departamento de arqueología subacuática del Ministerio de Cultura han regresado para inspeccionar los artefactos supervivientes, perdidos a más de 2.500 metros de profundidad.
La Armada mantiene en secreto la ubicación del pecio, al que han bautizado como “Camarat 4”, aunque pocas personas tendrían los medios para alcanzar un sitio tan profundo.
El robot que explora el fondo del mar
El sol apenas ha salido cuando el remolcador de la Armada llega al lugar, transportando un robot submarino y dos grandes contenedores habilitados como improvisadas oficinas para los arqueólogos marinos.
La tripulación introduce el robot —equipado con cámaras y pinzas— en el agua. Un oficial de marina lo guía en su descenso, conectado al barco mediante un largo cable, mientras los expertos monitorean su lenta bajada en pantallas.
Una hora después, el aparato —diseñado para sumergirse hasta 4.000 metros— planea sobre montones de cántaros redondos en el fondo del mar.
Lentamente, a través de sus cámaras, revela el naufragio al equipo reunido en cubierta. Captura imágenes de un cañón, así como de cientos de jarras y platos decorados con motivos florales, cruces y peces.
El robot toma ocho fotografías por segundo durante tres horas y acumula más de 86.000 imágenes que luego se usarán para crear un modelo 3D del sitio.
Cerámica de Liguria y las rutas comerciales del Mediterráneo
La arqueóloga Franca Cibecchini celebra que el agua esté tan clara. “La visibilidad es excelente. Casi no se nota que estamos tan profundo”, dice.
“Lo más probable es que sea un barco mercante que transportaba cerámica esmaltada de Liguria”, una región del noroeste de Italia, agrega Cibecchini. Según ella, la carga pudo haberse embarcado en los puertos de Génova o de la cercana Savona.
Marine Sadania, arqueóloga jefa de la excavación subacuática, afirma que los hallazgos serán fundamentales para comprender las rutas comerciales de la época en que se hundió el barco.
“No contamos con textos muy detallados sobre los barcos mercantes del siglo XVI, así que esta es una valiosa fuente de información sobre la historia marítima”, señala.
Una jarra recuperada a 2.500 metros de profundidad
Los expertos contienen la respiración mientras el robot deposita una jarra en una caja con la mayor suavidad posible para no romperla. Un tercio de toda la cerámica extraída en excavaciones marinas termina rompiéndose, advierte Sadania.
En total, el equipo recupera varias jarras y platos.
De vuelta en tierra, en un laboratorio de la ciudad portuaria de Marsella, Sadania pasa agua sobre una de las jarras. Líneas de un azul intenso recorren su costado redondeado formando rectángulos, algunos coloreados en azul turquesa o decorados con símbolos de un amarillo azafrán.
“Es uno de los objetos más profundos jamás recuperados de un naufragio en Francia”, concluye.
*Con información de DW.