Los Manuscritos del Mar Muerto, antiguos textos judíos hallados en las cuevas de Qumrán, han revelado valiosa información sobre las creencias de la época. Sin embargo, un enigma persistente ha intrigado a la ciencia durante décadas: el peculiar calendario de 364 días utilizado por esta comunidad.

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Un nuevo estudio liderado por la profesora Eshbal Ratzon, de la Universidad de Tel Aviv, propone que este sistema tuvo un uso tanto real como teórico en diferentes momentos históricos.

La imperfección del año perfecto

El calendario de Qumrán dividía el año de manera exacta en 52 semanas completas, permitiendo que cada festividad cayera siempre en el mismo día de la semana. No obstante, este orden matemático ocultaba un gran problema práctico: al tener exactamente 364 días, era un día y cuarto más corto que el año astronómico real de aproximadamente 365 días.

El calendario de Qumrán tenía un error que hacía que las fechas se alejaran de las estaciones. Foto: Getty Images

Con el paso del tiempo, este desajuste acumulado provocaría que las celebraciones agrícolas de la primavera terminaran celebrándose en pleno invierno. Este desfase temporal hacía que la sincronización con los ciclos de la naturaleza fuera insostenible a largo plazo.

De la práctica al ideal espiritual

La investigación sugiere que la comunidad sí utilizó activamente este calendario en sus inicios, lo que acentuó su ruptura con las autoridades religiosas de Jerusalén. Sin embargo, el inevitable desfase estacional y una mejora en las relaciones políticas con la dinastía asmonea, específicamente bajo el reinado de Alejandro Janeo, facilitaron que el grupo abandonara esta rígida postura y adoptara el calendario del Templo.

El calendario que enfrentó a Qumrán con Jerusalén terminó perdiendo su función práctica. Foto: Getty Images

La conclusión del estudio apunta a una posibilidad: el calendario no habría sido abandonado de golpe, sino que habría cambiado de significado. Lo que alguna vez funcionó como un sistema para organizar la vida religiosa habría terminado convertido en un ideal y un símbolo de identidad para la comunidad.

Ratzon resume así esta interpretación: “Es muy posible que el calendario fuera de hecho utilizado durante un cierto período de tiempo, pero luego, al perder su papel práctico debido tanto a problemas inherentes como a cambios políticos, se convirtió en un ideal religioso y un símbolo de identidad”.