Para muchas personas, la forma en que organizan los alimentos dentro de la nevera parece un detalle sin importancia. Sin embargo, hacerlo de manera adecuada puede marcar la diferencia tanto en el tiempo de conservación de los productos como en el consumo de energía del electrodoméstico.

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Aunque es común guardar los alimentos donde haya espacio disponible, lo cierto es que cada zona del refrigerador tiene una temperatura diferente. Por eso, ubicar cada producto en el lugar indicado ayuda a mantener su frescura por más tiempo, reduce el riesgo de contaminación cruzada y evita el desperdicio de comida.

Una buena distribución también permite que el aire frío circule de forma uniforme por todo el interior. De esta manera, los alimentos se conservan en mejores condiciones y resulta más fácil encontrar lo que se necesita sin mantener la puerta abierta durante demasiado tiempo, lo que ayuda a evitar cambios de temperatura.

No todos los compartimentos enfrían de la misma manera. Foto: Getty Images

Según explica la ingeniera de alimentos conocida en TikTok como @monalimentos, uno de los errores más frecuentes es guardar los huevos o la leche en la puerta de la nevera. Esta zona es la que experimenta mayores cambios de temperatura, ya que se abre y se cierra constantemente, por lo que no es la más adecuada para productos que requieren una refrigeración estable.

En ese espacio es preferible almacenar bebidas como jugos o cervezas, que soportan mejor esas variaciones. En cuanto al resto del dispositivo, recomienda aprovechar los diferentes compartimentos según su nivel de frío. En la mayoría de los modelos modernos, la parte superior suele ser la más fría, por lo que allí es conveniente guardar las sobras de comida.

En los estantes del medio pueden ubicarse los productos lácteos, como quesos, mantequilla y leche, mientras que en la parte inferior es recomendable almacenar las carnes crudas. Así, si se produce algún derrame, se reduce el riesgo de contaminar las demás comidas.

Además de mantener un buen orden, también es fundamental limpiar el dispositivo con frecuencia para evitar malos olores y la acumulación de bacterias. De igual forma, conviene revisar periódicamente los productos almacenados y desechar aquellos que hayan vencido o presenten señales de deterioro, una práctica que contribuye tanto a la seguridad alimentaria como a reducir el desperdicio.