La misión Artemis II dejó grandes momentos para el mundo y la comunidad científica, que ha catalogado este hito como uno de los más importantes de los últimos años. Tras un largo periodo de espera, por fin el ser humano pudo regresar a la Luna con el objetivo de estudiar su superficie y descubrir características que hasta ahora habían permanecido desconocidas.
Durante los 10 días establecidos, la expectativa se mantuvo al máximo, debido a que no era una misión sencilla y la tripulación se enfrentaba a riesgos tanto en el despegue como en el amerizaje. Sin embargo, todo se desarrolló según lo previsto y los cuatro astronautas (Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen) regresaron a casa en perfectas condiciones, aunque con algunos cambios en su salud que han sido evaluados por expertos.
Tras el éxito, se han realizado diferentes ruedas de prensa en las que los astronautas han compartido detalles sobre lo que representó esta experiencia en sus vidas, tanto a nivel personal como profesional. Una de ellas fue con Ars Technica, medio que tuvo la oportunidad de sostener una extensa conversación con Victor Glover, en la que relató cómo se vivieron los momentos críticos durante la reentrada atmosférica de la nave Orión, considerada una de las fases de mayor riesgo.
“El módulo de servicio (SM) funcionó de maravilla; pudimos notar que se estaba presurizando y empujando. Respondía con rapidez. Sentía el empuje, pero también lo veía instantáneamente en la cámara: había movimiento. El sistema integrado voló mucho mejor que en el simulador. Ese equipo debería estar muy orgulloso”, explicó.
Además, detalló que la tripulación distribuyó sus funciones para garantizar una participación equitativa y eficiente en todas las fases del vuelo. Mientras Jeremy y Christina lideraron el trayecto hacia la Luna y el regreso, Reid y Glover se encargaron de maniobras clave como el ascenso, las operaciones de proximidad y la entrada.
Aunque el plan inicial contemplaba que solo dos miembros pilotaran la nave, se optó por involucrar a todos con el fin de obtener datos desde distintas perspectivas, una decisión relevante para futuras misiones. Esta estrategia permitió aprovechar las fortalezas individuales y asegurar que cada integrante tuviera un rol activo, incluso en el control del vehículo.
Asimismo, el astronauta recordó que fue asignado el 3 de abril de 2023 y que, desde entonces, centró gran parte de su preparación en el momento del reingreso. Durante casi tres años, aseguró haber pensado constantemente en esa fase crítica del vuelo, consciente de su complejidad y relevancia.
Más allá del reto individual, destacó la importancia del trabajo en equipo, especialmente la coordinación con Reid. Subrayó que, llegado el momento, ambos debían actuar en total sincronía, priorizando el respaldo mutuo para garantizar el éxito de la operación.
“Haber pasado por algo similar en Dragon fue útil. Pero esa ventana en Orión estaba justo frente a mí, esa vista era tan diferente. Cuando comenzaron las llamas, pensé: “Eso es enorme. ¿Se supone que es tan grande?”. Y entonces mi cerebro simplemente se concentró en “Vale, todo parece igual”. Eso es buena señal. Si empiezo a ver cambios, eso es algo. Y luego llegó un punto... hay algo que siento que aún no estoy listo para decirle al público“.
Reconoció que tenía presente el antecedente del accidente del Columbia, pero no permitió que ese pensamiento afectara su concentración. Explicó que, una vez tomada la decisión de lanzar, el compromiso incluía también afrontar la reentrada, por lo que centró su enfoque en cumplir con el entrenamiento.
Finalmente, señaló que, ante posibles fallos como un problema en el escudo térmico, poco podía hacer directamente, por lo que optó por concentrarse en los escenarios en los que sí debía actuar.