Con el paso del tiempo, las estafas digitales han evolucionado hasta el punto de que cualquier persona, sin importar su experiencia con la tecnología, puede convertirse en víctima. Los ciberdelincuentes dedican años a perfeccionar sus métodos y recurren a estrategias de manipulación psicológica cada vez más sofisticadas para convencer a la gente de entregar información personal, realizar pagos o acceder a enlaces maliciosos.
De acuerdo con la información publicada por Kaspersky, existen diversas señales de alerta que permiten identificar un intento de fraude y actuar a tiempo, reduciendo el riesgo de convertirse en víctima de ataques de phishing u otras modalidades de ciberestafa.
Los ciberdelincuentes buscan que sus víctimas actúen impulsivamente: aprovechan los momentos de miedo, ansiedad o tensión para que tomen decisiones apresuradas sin analizar las posibles consecuencias. Esta manipulación emocional es una de las estrategias más utilizadas en los ataques de fraudes digitales.
Ante una llamada, un mensaje o una solicitud que genere presión o urgencia, los expertos recomiendan detenerse unos segundos antes de responder y evaluar el estado emocional del momento. Preguntarse si la otra persona está intentando aprovecharse del miedo, la emoción, la vergüenza, la culpa o la sorpresa puede evitar caer en el engaño.
Un ejemplo frecuente es el de falsas alertas que advierten sobre un supuesto riesgo en una cuenta y piden contactar al servicio de soporte. Durante la conversación, el estafador puede cuestionar a la persona por no haber cambiado su contraseña, ignorar advertencias de seguridad o compartir un código de verificación, con el objetivo de hacerle creer que perdió el control de la situación y que solo él puede solucionar el problema.
Frases como: “¿Cuándo fue la última vez que cambiaste tu contraseña? ¿Hace mucho? ¿No viste nuestras advertencias urgentes para actualizar tus credenciales?” o “Mira, el mensaje de texto lo dice ahí mismo: ¡no compartas este código con nadie! ¿Por qué lo hiciste?” pueden parecer convincentes y generar una sensación de culpa.
De acuerdo con los expertos, esta estrategia busca que la víctima actúe bajo presión y dependa de las indicaciones del atacante. Sin embargo, cometer un error no significa que sea responsable del fraude, ya que los ciberdelincuentes aprovechan momentos de estrés, cansancio o distracción para ejecutar sus engaños. Mantener la calma y verificar cualquier solicitud antes de actuar es una de las mejores formas de evitar caer en el engaño.