A más de uno le ha pasado: el celular se cae y sufre daños graves, como la ruptura de la pantalla. En muchos casos, el impacto lo absorbe el vidrio protector; pero, si no se cuenta con uno, el golpe recae directamente sobre el display y provoca afectaciones importantes.

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Una pantalla agrietada o con zonas dañadas dificulta la lectura de mensajes, la visualización de contenido multimedia y la navegación en aplicaciones. Esto obliga al usuario a hacer un mayor esfuerzo para interpretar lo que aparece en el dispositivo, lo que, con el tiempo, puede generar fatiga visual.

Además, si el daño afecta el brillo o la reproducción de los colores, la calidad de la imagen se reduce considerablemente, perjudicando actividades como ver videos, editar fotos o incluso trabajar desde el celular.

A esto se suma la pérdida de funcionalidad táctil. Una pantalla en mal estado comienza a fallar en la respuesta al tacto, lo que se traduce en comandos que no se ejecutan correctamente o que deben repetirse varias veces.

Los golpes y fuertes caídas del celular pueden causar daños en la pantalla. Foto: Getty Images

En casos más graves, pueden aparecer los llamados “toques fantasma”, donde el dispositivo registra acciones sin que el usuario toque la pantalla. Esto no solo resulta frustrante, sino que también puede generar errores al escribir, enviar mensajes equivocados o abrir aplicaciones sin intención.

Aunque estos son problemas evidentes, existen otros riesgos potencialmente más preocupantes. Según explica Carlcare, la exposición a la radiación es una de las inquietudes que surgen cuando la superficie de un celular está dañada. Si bien los teléfonos inteligentes emiten niveles bajos de radiación que, en condiciones normales, no representan un peligro significativo, una pantalla agrietada podría alterar esa protección.

Al romperse, el recubrimiento del equipo puede perder parte de su capacidad para contener o distribuir adecuadamente la radiación emitida. Esto, en teoría, permitiría que una mayor cantidad se libere hacia el exterior, incrementando la exposición del usuario.

Por otro lado, este fenómeno no solo afecta la estética del celular; también puede convertirse en un problema serio para su funcionamiento y la seguridad del usuario. Cuando el vidrio se agrieta, el equipo pierde parte de la protección que resguarda sus componentes internos, facilitando la entrada de líquidos, polvo y suciedad.

La pantalla del celular puede sufrir daños tras fuertes golpes. Foto: Getty Images

Una vez dentro, estos elementos pueden causar daños graves, incluso irreversibles, al afectar piezas clave como los circuitos o la placa base, comprometiendo por completo el funcionamiento del smartphone.

Asimismo, al estar hecha de cristal, una pantalla rota puede generar pequeñas astillas o bordes filosos que aumentan la probabilidad de sufrir cortes en los dedos durante su uso.

En ese sentido, se recomienda reparar la pantalla dañada lo antes posible, acudiendo a servicios técnicos confiables que utilicen repuestos originales. Si no es posible hacerlo de inmediato por razones económicas, se puede optar por un protector de vidrio templado como solución temporal. Sin embargo, esta alternativa no es definitiva, ya que el daño puede empeorar con el tiempo.