Lo que parecía ser una roca más en una estantería olvidada resultó ser una ventana a un mundo de hace 114 millones de años. Un grupo de investigadores redescubrió un fósil que permaneció almacenado durante más de medio siglo sin ser identificado, hasta que un minucioso examen de su superficie reveló un patrón inusual de círculos y figuras que cambió el rumbo de la investigación botánica en el país.
El rastro de un sacerdote en una colección histórica
La pieza analizada forma parte del legado del padre Gustavo Huertas, sacerdote y docente que, entre las décadas de 1960 y 1970, se dedicó a recolectar restos fósiles en diversas zonas de Colombia. Sus hallazgos fueron tan numerosos que contribuyeron a la creación del Museo Paleontológico de Villa de Leyva. Sin embargo, este espécimen en particular, compuesto por 19 fragmentos, carecía de una descripción detallada que permitiera establecer su verdadera naturaleza.
Al respecto, el geólogo Héctor Palma Castro, magíster de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) e investigador del Museo Field de Chicago, explica que la identificación no fue sencilla: “El fósil solo contaba con dos notas escritas a mano, una que decía ‘Mesa de Los Santos, Santander’ y otra que mencionaba minas de yeso cerca del pueblo”. Esta falta de información, sumada a que el estudio de las plantas antiguas —o paleobotánica— suele recibir menos atención que el de los grandes dinosaurios, mantuvo el secreto oculto durante décadas.
“Venas” vegetales grabadas en piedra
La clave del hallazgo surgió cuando los científicos notaron un patrón visual específico en los cortes de la roca. Al observar detenidamente, identificaron estructuras circulares y en forma de “C”, las cuales resultaron ser los meristemos. Para entenderlo de forma sencilla, estos son como las venas de la planta, tejidos encargados de transportar agua y nutrientes a través del tallo.
Para ver estos detalles sin dañar la pieza, el equipo utilizó técnicas como las láminas de acetato, que funcionan como un calco para capturar la forma de las células, y las secciones delgadas, que consisten en pegar fragmentos mínimos de roca en vidrio para verlos a través de un microscopio.
El experto Héctor Palma Castro relata el momento del descubrimiento microscópico: “Bajo el microscopio encontramos las estructuras en forma de C... y otras circulares, organizadas en anillos concéntricos. Todas son prácticamente células recristalizadas, lo que quiere decir que no es un material orgánico, sino que cada elemento celular fue transformado en un elemento mineral, pero mantuvo la misma forma y estructura”. Este proceso de recristalización permitió que a pesar del paso del tiempo, la arquitectura original de la planta se conservara intacta como si fuera un cristal.
Un helecho que une continentes
Tras descartar que se tratara de un árbol común de madera convencional, los análisis confirmaron que el ejemplar es una especie de helecho nunca antes descrita, bautizada como Paradoxopteris huertasii en honor al sacerdote que la recolectó. Aunque solo se conserva un tallo de unos 80 centímetros, este tipo de plantas prehistóricas podían alcanzar grandes alturas en su época.
La precisión sobre la edad del fósil se obtuvo de manera casi accidental gracias a una amonita, un antiguo molusco marino extinto que apareció incrustado en la misma roca. Debido a que estos animales cambiaban de forma muy rápido a lo largo de las eras, funcionan como un reloj biológico que permitió fechar el helecho en el Cretácico Temprano.
Este descubrimiento no solo es importante para Colombia, sino que revela conexiones globales. Helechos con características similares han sido encontrados en lugares tan distantes como Brasil, Egipto o Argelia.
Como señala el experto Palma Castro: “El fósil colombiano comparte así una huella geológica con hallazgos a miles de kilómetros, de una época en la que ambos territorios formaban parte del mismo supercontinente”. Esto confirma que cuando esta planta crecía en Santander, Suramérica y África aún estaban unidas, formando un solo bloque de tierra habitado por dinosaurios.