Lo que para millones de personas es simplemente el residuo que sobra después de preparar el café de la mañana, para la ciencia colombiana se ha convertido en una herramienta con el potencial de limpiar el aire que se respira.

Luigi Sebastián Merchán Suárez, magíster en Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), ha liderado una investigación que transforma la popular “borra” o “cuncho” en una pieza clave para la refinación de combustibles.
El enemigo invisible en el tanque de los autos
Aunque no se vea, el combustible que alimenta los vehículos contiene azufre, un elemento que al quemarse se convierte en gases nocivos. Estos contaminantes no solo son responsables de la lluvia ácida y de agravar problemas respiratorios en la población, sino que también dañan las maquinarias industriales y las tuberías.

Actualmente, las refinerías usan un método llamado “hidrodesulfuración” para limpiar la gasolina, pero este proceso requiere muchísima energía, presión y calor para extraer las últimas partículas de azufre que están bien escondidas. Merchán explica que “algunos compuestos azufrados son mucho más difíciles de eliminar porque el azufre queda ‘muy protegido’ dentro de la molécula, por decirlo de forma sencilla”.
De la basura a una “esponja” de alta tecnología
Buscando una alternativa más económica y sostenible para cumplir con las metas ambientales de Colombia para el año 2030, el investigador puso sus ojos en la biomasa del café. Al ser un material rico en carbono, el cuncho tiene una capacidad natural para convertirse en un “adsorbente”, que es básicamente un material capaz de atrapar moléculas en su superficie.

Para que el experimento fuera preciso, Merchán no usó cualquier residuo, sino que acudió a una cadena comercial de café para asegurar que todo el material fuera igual. Según el experto, “no todos los cafés generan el mismo residuo, pues factores como el tipo de grano, el nivel de tostión o la forma de preparación pueden alterar las propiedades del material. Para reducir esa variabilidad decidí recolectar toda la muestra de una única fuente comercial”.
El proceso: creando agujeros microscópicos
El secreto de este hallazgo no está solo en el café, sino en cómo se procesa. El químico aplicó calor controlado para “limpiar” el residuo y crear en él diminutos poros o cavidades. El resultado es una estructura que actúa de forma mecánica para atrapar la contaminación.
Merchán describe el producto final de forma muy gráfica: “convertimos ese cuncho en una especie de esponja microscópica para moléculas de azufre, y, como ocurre con una esponja común, cuanto más porosa era su estructura mayor era su capacidad de retener lo que entraba en contacto con ella”.
Un éxito de laboratorio con miras al futuro
Para verificar si funcionaba, el equipo utilizó una técnica llamada cromatografía, que funciona como un “separador molecular” para medir con exactitud cuánto azufre quedaba tras pasar por el filtro de café. Los resultados fueron asombrosos: se logró eliminar hasta el 98 % del azufre en las pruebas controladas.

A pesar del éxito, el químico mantiene los pies en la tierra y aclara que aún queda camino por recorrer antes de verlo en las gasolineras, ya que los combustibles reales son mezclas mucho más complejas que las probadas en el laboratorio.
Al respecto, advierte: “es un resultado muy prometedor porque demuestra que el concepto funciona, pero todavía no significa que podamos reemplazar inmediatamente los procesos industriales actuales”.
