En los últimos tiempos, las freidoras de aire han pasado de ser una novedad a convertirse en el electrodoméstico indispensable en los hogares, con un crecimiento de ventas masivo. Aunque su popularidad se basa en la promesa de una alimentación más ligera, su impacto en el bienestar depende de cómo se integren en la rutina diaria y del cuidado que se les brinde.

El tema fue abarcado por la Dra. Liliana De Luise directora de la Maestría en Política y Gestión de la Seguridad Alimentaria de la Universidad Nacional de Rosario, y el coordinador de dicha formación académica, Magister Nicolás Yoncheff, especialistas en seguridad alimentaria.
El corazón agradece la reducción de grasas
El principal beneficio de estos dispositivos es su capacidad para cocinar con una cantidad mínima de aceite. Al funcionar como pequeños hornos que mueven aire caliente a gran velocidad, logran una textura crujiente sin necesidad de sumergir los alimentos en grasa.

“Las freidoras de aire son electrodomésticos diseñados para cocinar alimentos mediante la circulación de aire caliente a alta velocidad. Básicamente, funcionan como un horno de convección, distribuyendo el calor de manera uniforme y logrando un efecto crujiente similar al de la fritura tradicional, con mucho menos aceite”, explican a La Capital, los especialistas, asimismo añadieron que: “Este método permite reducir significativamente la cantidad de grasa en los alimentos, lo que las hace atractivas para quienes buscan opciones más saludables sin renunciar a la textura dorada y crujiente”,
El riesgo oculto de las altas temperaturas: la acrilamida
A pesar de sus ventajas, no todo es automático cuando se trata de salud. Los expertos señalaron un punto que los usuarios frecuentes deben vigilar, la formación de acrilamida.
Este es un compuesto químico potencialmente dañino que aparece de forma natural cuando cocinamos alimentos con mucho almidón, como las papas, a temperaturas muy elevadas hasta que se doran demasiado.
Aunque este riesgo también existe en el horno común o en la fritura de siempre, es vital no exceder los tiempos de cocción para evitar que los alimentos se quemen o se tuesten en exceso.
La higiene como garantía de seguridad alimentaria
El mantenimiento del equipo no es solo una cuestión de que dure más años, sino de evitar enfermedades. Si no se limpia profundamente después de cada uso, los restos de comida y la grasa acumulada pueden volverse un foco de bacterias.
Los expertos recomiendan lavar siempre las partes móviles con agua tibia y detergente suave, además de vigilar que el ventilador no tenga obstrucciones. Una máquina sucia no solo altera el sabor de la comida, sino que pone en riesgo la higiene de los platos que se preparan para la familia.

Las freidoras de aire son herramientas muy valiosas si se usan con ingredientes frescos y dentro de una alimentación equilibrada. Su impacto positivo real proviene de saber balancear su comodidad con una limpieza rigurosa y un control consciente de las temperaturas.
