Cuando ocurre un evento sísmico, una de las prioridades inmediatas para los científicos es determinar con exactitud su ubicación espacial. Saber dónde se originó el movimiento ayuda a identificar sobre qué falla geológica ocurrió y, de manera crucial, en qué áreas es más probable que se hayan producido daños materiales o personales.
Sin embargo, calcular la profundidad a la que se rompe la corteza terrestre presenta desafíos técnicos sumamente complejos, especialmente cuando el fenómeno ocurre muy cerca de la superficie.
El desafío técnico de medir hacia el interior de la Tierra
Establecer a cuántos kilómetros bajo tierra se desató la energía no es una tarea sencilla. De hecho, según los expertos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), “la profundidad de un terremoto suele ser la parte más difícil de precisar en su localización”.
A diferencia de otros datos sismológicos, la profundidad es el elemento que cuenta con un mayor margen de incertidumbre. En palabras del propio organismo científico, “la profundidad es el parámetro menos restringido en la localización de un terremoto”.
Cuando un temblor se origina a gran distancia de la superficie (por ejemplo, a unos 13 kilómetros), un margen de error de uno o dos kilómetros resulta prácticamente irrelevante. No obstante, cuando el sismo es catalogado como “superficial”, cualquier pequeña variación metodológica cobra una importancia mucho mayor.
¿Terremotos en el aire? La paradoja de las profundidades cero y negativas
En ocasiones, los reportes oficiales indican que un sismo ocurrió a “0 km” de profundidad o incluso muestran valores negativos (como -1 km), lo que textualmente sugeriría que el evento tuvo lugar en la atmósfera. Los especialistas aclaran que esto es físicamente imposible.
Tal como detalla el USGS, “un terremoto no puede ocurrir físicamente a una profundidad de 0 km o -1 km (por encima de la superficie de la Tierra)”. Para que se genere un sismo, es necesario que dos bloques de la corteza terrestre se deslicen entre sí, algo que “es imposible que esto ocurra en la superficie de la Tierra o por encima de ella”.
¿Por qué aparecen entonces estos números en los sistemas de alerta? Los expertos explican dos motivos principales:
- Explosiones artificiales: en el caso de detonaciones en canteras para extracción de roca (quarry blasts), la profundidad se fija manualmente en 0 km, ya que, aunque se sabe que ocurren en la superficie, las redes sísmicas no pueden calcular con precisión matemática su coordenada vertical exacta.
- Margen de error instrumental: cuando un sismo natural es sumamente superficial, la proximidad de las estaciones de medición y la densidad de la red pueden arrojar una precisión muy alta que, matemáticamente, se traduce en una profundidad negativa debido a los límites de resolución de las fórmulas de cálculo.
El impacto en la sociedad y la importancia de la precisión
La correcta determinación de estos parámetros es vital para gestionar la seguridad pública. Los sismos representan una de las amenazas naturales más costosas, y sus repercusiones directas sobre la población son severas. El USGS destaca en sus informes que los peligros que los terremotos representan para la sociedad, tales como “la muerte, las lesiones y las pérdidas económicas, pueden reducirse en gran medida mediante (...) la provisión de información crítica y oportuna”.
Para estandarizar estas mediciones complejas, las agencias utilizan modelos matemáticos que representan la forma teórica de la Tierra. El Centro Nacional de Información sobre Terremotos del USGS utiliza un estándar geodésico global conocido como el geoide WGS84 para calcular las profundidades.
Sin embargo, otras organizaciones locales pueden basar sus cálculos en el nivel medio del mar o en la elevación promedio de sus propias estaciones receptoras. Aunque estas diferencias de criterio existen, los expertos recuerdan que el margen de error propio de la medición suele ser mayor que las variaciones causadas por el método de referencia elegido.