En el mundo de las grandes corporaciones, los consejos suelen ser diplomáticos, pero Steve Jobs no era un líder común. Durante un momento crítico para Starbucks, el fundador de Apple ofreció una solución que dejó atónito a su entonces CEO, Howard Schultz.

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Un encuentro tenso en el corazón de Apple

Corría el año 2008, y Starbucks atravesaba una tormenta: la crisis económica mundial golpeaba con fuerza, las ventas caían y el ánimo de los empleados estaba por los suelos. Ante este panorama, Howard Schultz, quien acababa de retomar las riendas como director ejecutivo, decidió buscar la sabiduría de Jobs en las oficinas de Cupertino.

En medio de la crisis de 2008, Howard Schultz recurrió a Steve Jobs para buscar una salida al complicado momento que vivía Starbucks. Foto: GETTY

Lo que comenzó como una charla para compartir frustraciones sobre el rumbo de la compañía, dio un giro inesperado durante una de las famosas caminatas de Jobs por el campus. Mientras Schultz explicaba los problemas internos y la resistencia de su propio equipo de mando, Jobs lo interrumpió de forma tajante.

El grito que resonó en Seattle

Sin filtros ni sutilezas, Jobs le dio una instrucción directa: regresa a Seattle y despide a todos los miembros de tu equipo directivo. Schultz, pensando que se trataba de una exageración o una broma, quedó paralizado ante la intensidad de la respuesta.

Jobs no solo no estaba bromeando, sino que terminó gritándole a la cara para enfatizar su punto. Para el líder de Apple, no se podía transformar una empresa con personas que no compartieran la visión necesaria para el cambio; según su filosofía, o contabas con trabajadores de máxima excelencia (lo que él llamaba “Triple A”) o el sistema acabaría fallando.

“Regresa a Seattle y despide a todos los de tu equipo directivo”, le gritó Jobs.

Howard Schultz quedó impactado después de que Steve Jobs le gritara durante una conversación sobre el futuro de Starbucks. Foto: Getty Images

La profecía que se cumplió a regañadientes

Aunque Schultz se resistió inicialmente a realizar una “limpieza” tan radical, el tiempo terminó dándole la razón al visionario tecnológico. Jobs le advirtió que, si no los echaba él, en un plazo de seis a nueve meses todos se habrían marchado de igual forma.

Efectivamente, menos de un año después, casi la totalidad de la cúpula ejecutiva de Starbucks había abandonado la organización, con la única excepción del abogado principal de la empresa (el asesor legal general). Cuando volvieron a coincidir en un evento, Jobs le recordó a Schultz que su indecisión le había costado tiempo valioso: “Llegas seis o nueve meses tarde, hombre. Piensa en todo lo que podrías haber hecho”.