Las arepas son uno de los alimentos más tradicionales de Colombia. En las diferentes regiones del país este producto es icónico, diferenciándose en la forma en que se prepara y los ingredientes se lleva.
Este alimento forma parte de la mesa desde tiempos precolombinos, cuando los pueblos indígenas ya cultivaban maíz y elaboraban preparaciones similares, pero a lo largo de los años se han incorporando ingredientes y estilos propios, convirtiéndose en un símbolo cultural y gastronómico que acompaña comidas, celebraciones y la vida cotidiana de los colombianos.
Boyacá es uno de los destinos colombianos donde más de preparan y consumen arepas y a solo dos horas de Bogotá se encuentra el municipio que es reconocido por ofrecer la mejores y más famosas, repletas de queso, suaves y ricas.
Festival de la Arepa
Se trata de Ventaquemada, el primer pueblo boyacense que se encuentra en el camino cuando se sale de Bogotá hacia esa región del país. Durante años, este se ha consolidado como un punto de tránsito inevitable para quienes viajan de la capital del país a Tunja.
Sin embargo, este pequeño municipio ofrece mucho más que un simple paradero en la carretera. Es un lugar donde las arepas, consideradas las más sabrosas del departamento, se convierten en un símbolo de identidad local, pues allí se celebra el Festival de la Arepa, que más que una celebración es la transmisión de saberes de generación en generación.
Información de la Alcaldía indica que este es un homenaje al maíz que brota de su campo, sembrado y cosechado con el esfuerzo de campesinos y campesinas que, con sus manos, dan forma a uno de los alimentos más representativos y deliciosos de esta tierra.
Encantos de Ventaquemada
Además de probar las ricas arepas, quien llega a este municipio encuentra algunos atractivos que vale la pena conocer.
Datos del Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr) indican que Ventaquemada es un pueblo próspero y en constante crecimiento y su riqueza cultural, patrimonial e histórica está representada en construcciones simbólicas como la casa histórica de Ventaquemada, declarada monumento nacional en 1967, o las estaciones del ferrocarril como las de Albarracín, Páez, Viejo y Ventaquemada, que también recibieron este reconocimiento en 1996. Estos son solo dos ejemplos de los varios sitios que el municipio pone a disposición de sus visitantes.
A estos se suma la iglesia colonial de San Antonio y las ruinas de antiguos caminos reales, testigos del trajín de mulas y comerciantes de tiempos pasados.
Para quienes disfrutan de las actividades al aire libre, allí también se encuentra el páramo El Chapetón, un ecosistema de niebla y frailejones que invita a disfrutar del contacto con la naturaleza.