Cogua, en Cundinamarca, se ha convertido en una escapada gastronómica para quienes quieren salir de Bogotá sin alejarse demasiado. Cada fin de semana, varios carros con placas de la capital llegan al municipio buscando una picada que ya es tradición.
Este momento se repite alrededor de los piqueteaderos, donde las bandejas tienen alimentos como longaniza, morcilla, chicharrón, papa criolla y otros productos que forman parte de la identidad local. Para muchos visitantes, la comida es la excusa perfecta para conocer este pueblo.
La historia de esta tradición comenzó entre las décadas de 1960 y 1970, cuando vendedores ofrecían embutidos artesanales en el parque principal.
Entre ellos destacó Don Justo Montes, quien le enseñó preparaciones de rellena y longaniza a una generación de productores.
Con el tiempo, varias familias encontraron en los embutidos una forma de sustento y empezaron a convertir aquella venta artesanal en negocio. Entre ellas estuvieron los Pachón, cuya historia quedó obligada al piqueteadero San Martín y a generaciones del municipio.
Al principio, los productos se vendían principalmente para llevar, pero la costumbre cambió cuando los visitantes empezaron a sentarse a comer allí mismo.
Así nacieron y crecieron los piqueteaderos, mientras la picada pasaba de ser producto artesanal atractivo turístico.
Ese cambio término impulsando una oferta gastronómica que hoy día atrae viajeros de Bogotá y otros municipios durante los fines de semana. La gobernación de Cundinamarca reconoce esta tradición de más de medio siglo como uno de los motores gastronómicos de la zona.
Pero Cogua no se queda solamente en una bandeja de fritanga. El municipio también permite combinar la visita gastronómica con naturaleza, caminatas y espacios para descansar.
El embalse del Neusa, ubicado en la zona rural, ofrece paisajes de montaña y actividades.
En este embalse, los visitantes pueden caminar, hacer picnic, acampar y disfrutar de un entorno que contrasta con el ritmo de la capital.
También pueden recorrer la plaza central de Cogua y encontrar elementos de arquitectura tradicional que todavía forman parte de su paisaje.
Así, el plan puede comenzar con una picada y terminar convertido en una jornada completa. La cercanía con Bogotá hace que Cogua resulte atractivo para una salida de fin de semana para quienes buscan comer bien y cambiar de aire.
Detrás de la bandeja hay una historia además de medio siglo. Aquellos embutidos artesanales vendidos en la plaza durante los años 60 y 70 terminaron convirtiéndose en una tradición que todavía mueve muchos turistas.