Una enfermedad crónica es un problema de salud a largo plazo que puede no tener cura, de acuerdo con Medline Plus, la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.
Además, reveló que algunos ejemplos de enfermedades crónicas son:
- Mal de Alzheimer y demencia.
- Artritis.
- Asma.
- Cáncer.
- Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (Epoc).
- Enfermedad de Crohn.
- Fibrosis quística.
- Diabetes.
- Epilepsia.
- Enfermedad del corazón.
- Presión arterial alta (hipertensión).
- VIH/sida.
- Trastornos del humor (bipolar, ciclotímico y depresión).
- Esclerosis múltiple.
- Mal de Parkinson.
Adicional, el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos indicó que las enfermedades crónicas casi siempre se presentan en adultos mayores.
“Estas enfermedades se ven propiciadas por factores como la rápida urbanización no planificada, la generalización de modos de vida poco saludables y el envejecimiento de la población. Las dietas poco saludables y la falta de actividad física pueden dar lugar al aumento de la tensión arterial y de la glucosa en sangre, a niveles elevados de los lípidos en sangre y a la obesidad. Esos factores se denominan factores de riesgo metabólico y pueden provocar enfermedades cardiovasculares, la principal enfermedad no transmisible en lo que respecta a muertes prematuras”, explicó que la Organización Mundial de la Salud (OMS).
De hecho, Infobae puntualizó que los seis alimentos que aumentan el riesgo de enfermedades crónicas son:
1. Carne a la brasa.
2. Carne procesada.
3. Alcohol.
4. Alimentos fritos.
5. Alimentos y bebidas azucarados.
6. Alimentos envasados procesados y carbohidratos altamente refinados.
En consecuencia, algunas recomendaciones para prevenir las enfermedades crónicas son:
1. Tener una dieta saludable: esta debe incluir al menos 400 g (o sea, cinco porciones) de frutas y hortalizas al día; menos del 10 % de la ingesta calórica total debe ser de azúcares libres, menos del 30 % de la ingesta calórica diaria debe proceder de grasas y se deben consumir menos de cinco gramos de sal (aproximadamente una cucharadita) al día y la sal debería ser yodada.
2. Hacer ejercicio: Para mejorar la salud y el bienestar, la OMS recomienda al menos entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada a la semana (o el equivalente en actividad vigorosa) para todos los adultos, y una media de 60 minutos de actividad física aeróbica moderada al día para los niños y los adolescentes.
3. Tomar agua: por lo general la mayoría de los hombres necesita aproximadamente 13 tazas de líquido al día y la mayoría de las mujeres necesita cerca de nueve. Sin embargo, el consumo de agua puede variar dependiendo de las actividades que se realicen día a día. Por ejemplo, si la persona hace ejercicio debe consumir más agua, para cubrir la pérdida de líquidos. Asimismo, si el clima es cálido y se suda más, es recomendable aumentar la ingesta de agua, o si una mujer está embarazada, es posible que necesite más líquidos.
4. Dormir bien: la biblioteca indicó que el sueño es importante para la salud en general, pues cuando no se duerme lo suficiente (privación del sueño), se puede sentir cansancio y además, afectar el rendimiento, incluyendo la capacidad de pensar con claridad, reaccionar rápidamente y formar recuerdos. Asimismo, la doctora Stacy M. Peterson and Brooke L. Werneburg le explicó a Mayo Clinic que la falta de sueño influye en lo que se come y cuánto se come, dado que las hormonas se regulan durante el sueño y al faltar horas de sueño, las hormonas del hambre se descontrolan y eso aumenta la sensación de hambre y disminuye la saciedad.
De todos modos, la información antes dada de ninguna manera sustituye la asesoría médica y por ello lo primero que hay que hacer es consultar a un experto de la salud para que sea este quien guíe el proceso e indique qué es lo más adecuado para cada persona.