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Noemí Sanín y Ernesto Samper, quienes fueron íntimos amigos y que no se tratan desde el proceso 8.000, se encontraron en un avión rumbo a Madrid. Los dos estaban en primera clase, donde no había mucha gente y era difícil evitarse. Después de algunas horas de vuelo, coincidencialmente se encontraron en el corredor, donde ella lo saludó extendiéndole la mano y cruzaron unas pocas palabras. Al llegar al aeropuerto de Barajas a ella se le perdieron las maletas y él, caballerosamente, no la desamparó hasta que se solucionó el problema. Esa actitud lo hizo merecedor a un beso de despedida.

2002-10-20

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