Esta semana, la Sociedad de Activos Especiales (SAE) propinó un golpe certero al legado del narcotraficante Pablo Escobar: aplicó extinción de dominio a la casa museo en Medellín que administró su hermano, Roberto Escobar, conocido como el Osito. La razón es que el predio fue comprado con dineros del narcotráfico.
A propósito, tras la muerte del capo, su familia aprovechó para abrir varios museos en la capital paisa que aún mantienen sus puertas abiertas. Uno lo dirige Nicolás Escobar, sobrino del narco, y ofrece en su página web “el tour más honesto sobre la historia de Escobar que encontrarás en Medellín”. Él está enfrentado con otra sobrina, dueña del Museo Beyond Escobar, ubicado en la comuna 13.

La mujer, por su parte, dice a sus clientes que con ella “tendrán la oportunidad de conocer detalles de primera mano, sin exageraciones, ni mentiras”. El Osito y los demás familiares que administran museos no se pueden ni ver por cuenta del negocio que les generó dinero tras la muerte del narcotraficante.
